Francisco Faig
Francisco Faig

El contenido de la oposición

La era frenteamplista durará al menos 15 años. Por tres veces, en circunstancias sociales, políticas y electorales muy diferentes, la izquierda obtuvo mayoría absoluta en el Parlamento. El espacio no- frenteamplista precisa pues, repensarse profundamente. Redefinirse. Asumir primero el objetivo de conquistar amplias mayorías. Parece de Perogrullo. Sin embargo, se amontonan ejemplos en sentido contrario. ¿De verdad se cree que el IRPF es un problema para esas mayorías populares? No se trata de negarse a reformarlo. Pero el énfasis de propuesta y de discurso, si se quiere ir al corazón del uruguayo medio, está muy lejos de tan predilecto como paquete tema de campaña no frenteamplista.

La era frenteamplista durará al menos 15 años. Por tres veces, en circunstancias sociales, políticas y electorales muy diferentes, la izquierda obtuvo mayoría absoluta en el Parlamento. El espacio no- frenteamplista precisa pues, repensarse profundamente. Redefinirse. Asumir primero el objetivo de conquistar amplias mayorías. Parece de Perogrullo. Sin embargo, se amontonan ejemplos en sentido contrario. ¿De verdad se cree que el IRPF es un problema para esas mayorías populares? No se trata de negarse a reformarlo. Pero el énfasis de propuesta y de discurso, si se quiere ir al corazón del uruguayo medio, está muy lejos de tan predilecto como paquete tema de campaña no frenteamplista.

Segundo, decidirse a debatir y plantear propuestas. Es cierto, el Frente Amplio cambia de rumbo sin avisar. Antes de llegar al poder estaba en contra de muchas políticas que hoy defiende con calor. Sin negarse a señalar esas contradicciones, lo importante es lo que viene. La opinión pública tiene que saber que cada propuesta de gobierno tiene su contrapartida alternativa de parte de la oposición. Sencilla, metódica, constante, clara y convincente: que ellas formen un proyecto alternativo fundado en el conocimiento de la sociedad y que conjuguen valores políticos liberales, republicanos y modernos.

Si no se está de acuerdo con la cuota femenina en política, que se plantee otro mecanismo más eficiente para incorporar a las mujeres, paritariamente, en esa actividad. Y si no se cree en esa igualdad de género, que se diga y se debata en los partidos con libertad y amplitud. Si se cree en un necesario pluralismo en la conducción de la educación, que los manuales de Historia en la escuela no sean instrumentos de adoctrinamiento al servicio del Frente Amplio. Que se denuncie con vigor, y también que se explicite una opción diferente.

Los partidos, además de electorales, tienen que ser políticos. Ganar en autonomía y riqueza de diagnóstico y propuesta, abriéndose a la academia no frenteamplista. Darse herramientas para el debate de las políticas de gobierno. Sobre todo, las que más duelen: seguridad, educación y economía. Profesionalizar la comunicación, claro, pero tener lo qué decir para no repetir vetustos adagios que parecen sandeces. ¿Qué es descentralizar como quería Wilson, por ejemplo, en tiempos de internet y pago electrónico? ¿Qué quiere decir ser el batllista escudo de los débiles, cuando la pobreza bajó de 39,9% a 11,5% en 10 años de la era frenteamplista? Se precisa que cien flores florezcan y aporten contenido político renovador, pero también serio y por tanto confiable.

Porque ¡caramba! la hegemonía frenteamplista no impidió que más de 41% no votara a Vázquez en un balotaje de resultado cantado. Porque el voto explícito al Frente Amplio fue menor a 48% en octubre. Porque la mitad del país no apoyó a esta izquierda gobernante. Todavía no somos Argentina con sus variados peronismos que juntan 70% de apoyo.Por estos días, la sensación de orfandad política de la mitad del país es abrumadora. Se precisa convicción para romper los moldes del quietismo que llevó a perder tres veces. Coraje para cambiar a fondo. Y liderazgo para emprender la tarea. Medio país, silencioso, no quiere perder esa esperanza.

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