Francisco Faig
Francisco Faig

Todo muy clarito

A pesar de que Vázquez no va a debates presidenciales, la propuesta del Frente Amplio va quedando clara a medida que avanza la campaña electoral. La restauración vazquista anuncia con orgullo que si gana ofrecerá más de lo mismo hasta 2020.

A pesar de que Vázquez no va a debates presidenciales, la propuesta del Frente Amplio va quedando clara a medida que avanza la campaña electoral. La restauración vazquista anuncia con orgullo que si gana ofrecerá más de lo mismo hasta 2020.

En seguridad, la síntesis del conservadurismo fue contundentemente expresada por Vázquez: queda Bonomi porque, en realidad, la política llevada adelante es correcta. No es capricho. Es convencimiento de haber hecho las cosas bien. Siempre se puede mejorar, claro está, pero Vázquez ha sido constante en reivindicar que este es el rumbo que se mantendrá.

En educación, se han lanzado números mágicos. Intentar llegar al 6% del PIB, pero además hacer que el 85% de los adolescentes terminen enseñanza secundaria hacia 2020 —hoy esa cifra está en el eje del 40%. Nadie admite que estamos peor que hace una década. Por ejemplo, no hubo ninguna autocrítica por la ley de educación que dio mayor protagonismo a los sindicatos: los cambios legales de estos años quedarán como están. Vázquez, por el contrario, ha dicho que en general no estamos tan mal.

En infraestructura e inserción internacional no habrá cambios tampoco. A pesar de no explicar las causas del notorio rezago de estos años, Vázquez asume que habrá una inversión importante con participación de privados en carreteras, puertos, vías férreas, etc. Por otro lado, el “regionalismo abierto” que cita Astori no podrá contra la decisión programática de centrarse en el Mercosur y depender de sus decisiones para abrir el juego a otras asociaciones comerciales. Nada nuevo bajo el sol: el mismo discurso que estos años y la misma práctica previsible que nos llevó a la situación actual.

La economía será conducida por el equipo de Astori. Se transmite tranquilidad poniendo la misma gente que en 2004. Sin embargo, está condicionado por su programa: nadie ha dicho, por ejemplo, cómo se implementará el anuncio de que el Estado acopiará alimentos para ofrecerlos a precios más bajos que los que fija el mercado. Y sobre todo, no habrá sanción alguna para quienes se equivocaron fieramente en todo el caso Pluna.

El continuismo que representa el liderazgo de Vázquez aquí también es claro. No hay aceptación de responsabilidades políticas por graves errores de estos años. Hay aceptación, sin crítica alguna, de la herencia mujiquista. Por poner solo algunos ejemplos: la anulación de la ley de caducidad, a pesar de haberse comprometido a mantenerla en noviembre de 2009; la votación bajo presión fascista de la ley de responsabilidad penal empresarial; la miserable posición uruguaya con la crisis Mercosur- Paraguay en 2012; el protagonismo sindical y corrupto en ASSE; la gestualidad impune de Calloia en el caso Pluna; los vínculos personales de ex cuadros dirigentes de gobierno con Aratirí; la torpe relación con Argentina; o el ninguneo de la tarea de la Dinama. Nunca Vázquez criticó a su fuerza política o a este gobierno por ninguna de estos episodios.

Así las cosas, nadie podrá votar a Vázquez sin saber qué ofrece. Aquellos que lo hagan convencidos de que esta fue una década de buenos gobiernos estarán votando pasado y no futuro. Es decir: la clave de una elección es decidir confiar el voto al equipo y al candidato que creemos mejores para enfrentar los desafíos futuros. En este sentido, Vázquez no tiene misterios: es la reivindicación de la restauración continuista.

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