Francisco Faig
Francisco Faig

Cayó Sendic

Vázquez dio la señal y en pocos días todo se aceleró. Sendic quedó sin respaldo político. Por el bien del Frente Amplio, por su salud electoral y por el futuro de su proyecto político, ahora solo queda esperar la renuncia del vicepresidente.

Vázquez dio la señal y en pocos días todo se aceleró. Sendic quedó sin respaldo político. Por el bien del Frente Amplio, por su salud electoral y por el futuro de su proyecto político, ahora solo queda esperar la renuncia del vicepresidente.

Es difícil saber a ciencia cierta qué terminó de decidir el cambio de opinión de un Vázquez que hasta hace pocas semanas seguía protegiendo a su compañero de fórmula. Sin embargo, es notorio que hubo al menos tres momentos que agravaron la ya difícil situación del vicepresidente y que seguramente hayan incidido en el viraje presidencial.

Primero, su francamente pobre defensa argumental. Alcanza con fijarse en las caras de Blanca Rodríguez, inocultable compañera de ruta frenteamplista, mientras recibía las respuestas de Sendic en su entrevista exclusiva en Subrayado, para justipreciar el esperpento vicepresidencial: parecían las de Espalter ante los disparates de Almada en el sketch de la farmacia.

Segundo, el colchón de Divino. Cuando se supo que compró su colchón con la tarjeta institucional de Ancap y nos quiso hacer creer, con cara de póquer, que en realidad se trató de un gasto institucional de la empresa, ya no importaron más los empeños del buen razonamiento y las complejidades del rigor lógico. El enajenado del comité de base, que tanto cree en la santidad de Stalin cuanto en la insidia del plan Atlanta, podía justificarlo. Pero Vázquez, que nunca mascó vidrio, se dio cuenta de que allí se había sobrepasado todo límite de respeto por el sentido común ciudadano.

Tercero, los resultados de encuestas que dieron a los blancos por encima del Frente Amplio (FA) en intención de voto. Es cierto que, sobre todo luego de octubre de 2014 y con razón, Vázquez desconfía de ellos. Pero también es verdad que había ya muchas señales concordantes que mostraban molestias con la izquierda en general y con Sendic en particular, y que esos resultados terminaron de confirmar la grave tendencia electoralmente declinante del FA.

Hay dos perspectivas para destacar de toda esta crisis. La primera es la falta de sentido político del oficialismo. Si se excluyen algunas voces críticas muy aisladas, en todos estos meses la izquierda en general apoyó ciegamente a Sendic. Quedó así demostrado que toda esa cultura del debate, del sentido crítico, de la independencia de criterio y de la inteligencia colectiva que el FA dice encarnar es, en verdad, una simple paparruchada autocomplaciente. Tuvo que venir Vázquez a señalarles lo evidente para que sus dirigentes dejaran de explicarnos, cual niños crédulos y fanatizados, los detalles de un secreto complot derechista.

Segundo, el carácter sacrificial de Sendic. Se intentará quitar protagonismo, por ejemplo, a las corrupciones multimillonarias del Fondes, de la regasificadora, de ASSE y hasta de la propia compleja trama de Ancap-ALUR; y se procurará bajar el perfil de los que también mintieron sobre sus títulos universitarios y siguen tan campantes en el FA. El chivo expiatorio es Sendic. Exigir más, dirán, sería ensañarse contra el proyecto progresista en sí, cuando es distinto y mejor que el de sus similares (y más corruptos) de la región.

Está bien, cayó Sendic. Pero no quieran hacernos creer que en el FA eran todos otarios.

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