Francisco Faig
Francisco Faig

El baño inclusivo

Será políticamente muy incorrecto escribir que es una tilinguería que el Teatro Solís destaque en su página web que instaló baños inclusivos? ¿Quedaré escrachado como un retrógrado insensible, incapaz de acompañar los mejores cambios de la modernidad y vocero del patriarcado heterosexual egoísta dominante? Confieso que dudé un instante.

Será políticamente muy incorrecto escribir que es una tilinguería que el Teatro Solís destaque en su página web que instaló baños inclusivos? ¿Quedaré escrachado como un retrógrado insensible, incapaz de acompañar los mejores cambios de la modernidad y vocero del patriarcado heterosexual egoísta dominante? Confieso que dudé un instante.

Pero, francamente, creo más honesto denunciar la superchería autocomplaciente que dejar que ella se asiente en un silencio cómodo.

El Teatro Solís mantiene sus baños por género en cada uno de los niveles de la sala principal. Aunque aporta algo nuevo desde su convicción de “transitar un camino de acciones concretas que tengan como eje central la inclusión y la equidad”: un baño al que pueden entrar indistintamente mujeres, hombres y personas trans. “La cultura es inclusión, libertad e igualdad”, dice. Y más adelante, brutalmente, casi que concluye: “estos baños están ubicados en el subsuelo, al igual que otros tres más diferenciados por género”.

Si Ud. es un discriminador contumaz de las personas trans, sepa que alcanza con que fije la atención en quiénes son los que prefieren aliviar sus necesidades en el subsuelo del Teatro Solís. Tendrá allí una población, al menos, sospechosa.

Estamos llenos de iniciativas como esta, simbólicas y muy menores, pero que destacamos como si fueran gran cosa. Si la preocupación de verdad fuera promover la equidad, el énfasis debiera ir hacia la exclusión que sí tenemos, masiva y relevante, basada en diferencias de clases sociales. Es decir: debiéramos de saber, con datos fidedignos, qué perfiles socioeconómicos caracterizan a quienes van al Solís, y promover que las clases subalternas accedan masivamente a una mejor cultura. Se precisan datos ciertos y acciones concretas, masivas, sostenidas en el tiempo y evaluadas. Por cierto, el asunto es viejo y universal: ya Bourdieu lo estudió en los años sesenta para Francia.

Si no se quiere abordar la exclusión desde la perspectiva social, por vaya a saber qué resabio de repelente anti- marxista a la usanza de la Guerra Fría, hay otro criterio que abarca a mucha más gente que la cuestión de género- trans: el racial. Desde el censo 2011 al menos, sabemos que la situación social, educativa y económica de los afrodescendientes, que son el 8% de la población uruguaya, es mucho peor que la del resto. El problema aquí no es su acceso a los baños del Teatro, sino que es asistir al Teatro en sí. Si se quiere incluir de verdad, ¿sabemos qué proporción de afrodescendientes son los que concurren al Solís? ¿Están subrepresentados con respecto al total de la población?

Como gobernar es fijar prioridades, queda muy ridículo que un país que de hecho excluye social y racialmente a una parte no pequeña de su población se felicite en la página de su principal teatro por haber inaugurado un baño inclusivo. Alguien puede decir que una cosa no quita la otra. Pero, de verdad, no es que esté mal, sino que es absolutamente irrelevante con relación a los graves problemas de exclusiones e injusticias que sufren los menos pudientes.

Seguramente todo se hizo con buena voluntad. Pero, se sabe, el camino a la excelsa tilinguería está empedrado de buenas intenciones.

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