Francisco Faig
Francisco Faig

¿Cómo se arregla esto?

Es evidente que hoy la gente reconoce que muchas cosas andan mal. Pero luego, mirando a la oposición, se pregunta: ¿y ella cómo las arreglaría?

Es evidente que hoy la gente reconoce que muchas cosas andan mal. Pero luego, mirando a la oposición, se pregunta: ¿y ella cómo las arreglaría?

Al no avizorarse en la izquierda candidaturas seductoras, al no percibirse una coherencia política que acabe con las idas y vueltas de la corrupción frenteamplista, y al ser cada vez más extendida la sensación de que el gobierno no lo ha hecho tan bien en áreas importantes, los tiempos políticos cambiaron. Ya no alcanza con señalar lo que está mal, sino que hay que pasar a proponer en serio otros caminos posibles para el rumbo del país.

Hay una cuestión de forma y otra de fondo. La de forma exige que quede claro que los partidos de oposición son capaces de articular acuerdos que impliquen asegurar la gobernabilidad del país. Si bien es evidente que blancos, colorados, independientes y de la Gente tienen dirigentes que articulan y conocen la vida parlamentaria, no es menos cierto que el acuerdo ha de ser indudable y explícito. La estabilidad es algo que se ha valorado mucho en esta década frenteamplista de mayoría absoluta propia. Con una configuración diferente a la actual, que implicará seguramente una gran coalición, no es difícil vigorizarla para 2020.

La cuestión de fondo es más sustancial. Implica algo sencillo en la actualidad, como es acordar pocas y grandes líneas de gobierno diferentes a las del izquierdismo frenteamplista. Por poner un ejemplo: salir de la asfixia del Mercosur. Pero implica también cierta inteligencia colectiva para reconocer que en esta década la mayoría ciudadana ha estado conforme con el rumbo general de los gobiernos del Frente Amplio. Por supuesto, no con sus errores, excesos, corruptelas y desvíos. Pero sí con el mito del país de primera y su excepcionalidad autocomplaciente y satisfecha.

En el fondo no puede haber una oposición con voluntad retro excavadora porque inmediatamente el conservadurismo clientelista nacional daría la espalda a una opción así. Retomando con la sabia intuición de ir por la positiva, la oposición, con sus diversos matices, precisa dar certezas para asegurar una tranquilidad no rupturista. También, requiere pedagogía para explicar los cambios necesarios. Por ejemplo: en las certezas, asegurar que las prestaciones sociales no disminuirán en nada; en la pedagogía, mostrar que es imperioso para el país productivo permitir la importación de gasoil y no seguir de rehenes del sindicato de Ancap.

Apenas surjan estas cuestiones de fondo, la desesperación de los frenteamplistas y la de sus compañeros de ruta intelectuales y sindicales repetirán lo que ya sabemos: que hay que luchar contra la derecha continental neoliberal representada aquí en los partidos de oposición. Pero sobre todo, corroída por el temor a perder sus prebendas de estos años por causa de un triunfo opositor, la izquierda desarrollará una inédita campaña de calumnias y ataques ad hominem. Inventará nuevos y más verosímiles planes Atlanta, y sindicalistas y politólogos afines salpicarán el todo con las conocidas sandeces ideológicas con las que se solazan en sus respectivas ruedas de mate.

Los tiempos se aceleraron. Por ello la oposición debe ir mostrando, desde ya y con solvencia, cómo se arregla esto.

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