Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

La prosperidad llegó en diferido…

El martes pasado se conoció el valor del Índice Medio de Salarios (IMS) para el año 2016. El mismo implicó un crecimiento del salario real respecto a fines del 2015 de 3.3%.

El martes pasado se conoció el valor del Índice Medio de Salarios (IMS) para el año 2016. El mismo implicó un crecimiento del salario real respecto a fines del 2015 de 3.3%.

La cifra parece muy alta respecto de los niveles de crecimiento de la economía que se esperan para el año 2016 y para la evolución del empleo, cuyas cifras definitivas se conocerán en los próximos meses.

Resulta pues, un momento ideal para que en una lectura superficial y descontextualizada de la realidad de los últimos años, personeros del gobierno salgan a batir palmas sobre presuntos logros en los cuales no tienen arte ni parte.

El aumento de salario real verificado en el año 2016 resulta de un conjunto de fenómenos que se generaron durante la vigencia de las pautas salariales anteriores a esta administración, y de retrasos en la firma de los convenios correspondientes a las negociaciones efectuadas en 2015. Escribimos sobre ese tema hace precisamente un año.

Los convenios salariales firmados durante 2015 y 2016 tuvieron que agregar un componente de inflación pasada, arrastrado de convenios anteriores, ya que los aumentos se otorgaban en base a una “inflación esperada” (dicho sea de paso, esperada solo por el Gobierno) y luego se compensaba año a año la diferencia entre la realidad y la expectativa.

Con inflaciones anuales en el entorno de 8% a 8,5% e inflaciones “esperadas” del 5%, los aumentos de salario que se diferían en forma permanente eran del orden del 3% o algo más.

Este mecanismo se activaba año tras año hasta que empezaron a operar las nuevas pautas salariales que se aprobaron al inicio de la actual administración, donde fue necesario sincerar este atraso.

Este factor debió empezar a operar sobre los ajustes salariales de 2015 y de hecho lo hizo en algunas ramas, pero las dificultades en el logro de acuerdos de algunos sectores importantes hicieron que finalmente este sinceramiento no se reflejara prácticamente en el valor del IMS del 2015. En 2016 la corrección operó plenamente dando como resultado un fuerte aumento del IMS y por lo tanto del salario real.

Hace un año comentábamos los efectos que el bajo valor del IMS de 2015 tendría sobre los ajustes de pasividades.

Al normalizarse la situación de las negociaciones, los pasivos cobrarán un aumento que refleja mucho más la prosperidad pasada que la del presente.

Este fenómeno pone más presión aún sobre las dificultades fiscales del Gobierno que ahora sí deberá hacer frente al pago de pasividades que crecerán muy por encima de la recaudación.

Un condimento más -y no menor- para tener en cuenta a la hora de proponer alegremente aumentos adicionales de gasto en la próxima Rendición de Cuentas.

¿Qué frutos nos depara la imaginación frondosa de la conducción económica para convencernos de que aún es posible seguir tirando de la piola del gasto público arrancando con un déficit de 4% del PIB?

La verdad es que no lo sabemos aún y lo iremos viendo en el correr de los próximos meses.

Ojalá no suceda, porque en este asunto del desbarajuste fiscal, preferiríamos estar equivocados. 

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