Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

Inflación, el regreso

En los dos últimos años nos hemos referido en más de una ocasión a la reaparición de la inflación en la economía uruguaya. Es cierto que los guarismos no son los mismos que en la segunda mitad del siglo pasado. Pero no lo son ni en el Uruguay ni en casi ningún país del mundo. Ni que hablar de nuestros vecinos que soportaban aumentos de precios de cuatro cifras anuales y al lado de los cuales, el Uruguay constituía casi una isla de estabilidad.

En los dos últimos años nos hemos referido en más de una ocasión a la reaparición de la inflación en la economía uruguaya. Es cierto que los guarismos no son los mismos que en la segunda mitad del siglo pasado. Pero no lo son ni en el Uruguay ni en casi ningún país del mundo. Ni que hablar de nuestros vecinos que soportaban aumentos de precios de cuatro cifras anuales y al lado de los cuales, el Uruguay constituía casi una isla de estabilidad.

Sin embargo, luego de tres intentos frustrados, a principios de la década del 90 se puso en marcha un plan de estabilización que logró bajar la inflación y llevarla a menos de 10% en 1998, algo que no había sucedido en los anteriores 40 años.

Con la excepción de los críticos años 2002-2003, desde ese entonces estamos con cifras inferiores al 10%. De todas formas, en los últimos años hemos asistido a una aceleración en el aumento de precios que nos ubica en el tercer lugar de América Latina, detrás de dos países cuya política económica es impresentable como Argentina y Venezuela. Esta situación ha encendido las alarmas de los economistas, de los sindicatos, y del propio elenco gobernante cuya verborragia en la materia es de una imaginación que podría ser la envidia del mismo Walt Disney.
Así han aparecido explicaciones que van desde que el Uruguay crece muy rápido lo que presiona a los precios al alza, como si no hubiera habido otros países que lograron preservar la estabilidad aún creciendo a tasas muy elevadas. O también se le echa la culpa a la existencia de comerciantes especuladores que ganan mucho dinero y hacen subir los precios en forma artificial.

Nada de esto explica lo que está pasando en el Uruguay de hoy, por lo que siempre es bueno recordar que la inflación es un aumento permanente y generalizado en el nivel de precios. Al principio esta se financia mediante alguna expansión monetaria y luego se potencia mediante mecanismos indexatorios, pero siempre tiene que haber alguna forma de financiación que haga posible que el proceso continúe su curso.
¿Es posible combatir eficazmente la inflación? Seguramente lo es, pero es necesario un plan creíble que no sólo actúe contra las expectativas, como puede ser la rebaja de algunos componentes del IPC, sino mediante una política coordinada en materia fiscal (morigerar el gasto público), salarial (desindexar salarios) y monetaria (una política contractiva). Pero sobre todo implica la voluntad política de implementarlo.

La historia es pródiga en ejemplos en los cuales los políticos se han negado a tomar las medidas necesarias para encarar los desequilibrios económicos, ya sea por la proximidad de los ciclos electorales o por un diagnóstico erróneo. Lamentablemente, la historia también nos muestra que estos desequilibrios finalmente los terminan arreglando los mercados y en general de una forma mucho más dolorosa.

Mientras tanto, nuestros gobernantes siguen tratando de que el IPC baje ya sea mediante rebajas en las tarifas públicas o abaratando las apuestas al 5 de Oro.

Otros se asustan del precio de la pasta de dientes y consiguen que algunos organismos públicos compartan su preocupación iniciando investigaciones al respecto.

Eso si, del tema de fondo nada. En un año de campeonato mundial, nada más lindo que patear la pelota para adelante.

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