Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

¿Y la igualdad?

El tema de la “igualdad” ocupa un lugar destacado en las agendas de organismos internacionales, de los actores políticos y de la prensa a lo largo y ancho del mundo.

El tema de la “igualdad” ocupa un lugar destacado en las agendas de organismos internacionales, de los actores políticos y de la prensa a lo largo y ancho del mundo.

El logro de este objetivo es visto como algo profundamente deseable. Sin embargo el desconcierto irrumpe apenas uno empieza a profundizar en cuál es la “igualdad” que se está proponiendo. ¿Igualdad de qué? ¿Qué es lo que una sociedad determinada debería perseguir como objetivo? La respuesta más habitual es apuntar a la igualdad en la disposición de recursos materiales, habitualmente medidos por ingresos monetarios, riqueza, etc. Pero esta no es la única respuesta y mucho menos la mejor.

En el Uruguay las políticas sociales implementadas desde comienzos del siglo XX hicieron de nuestra sociedad una de las más igualitarias de América Latina en materia de distribución del ingreso. Nótese que nos estamos refiriendo solamente a la desigualdad en los ingresos y no a otras dimensiones de las condiciones de vida de los habitantes de una sociedad, como podrían ser el acceso a una vivienda digna, a un servicio de salud de calidad o a una educación que les permita obtener un empleo con el que mantener a su familia.

Para mejorar la distribución del ingreso bastaría con aplicar la máxima de Robin Hood, o sea “sacarle a los ricos para darle a los pobres”. Es en esta línea que se implementó el impuesto a los ingresos que en Uruguay se denomina Impuesto a la Renta de las Personas Físicas.

El problema es: ¿cómo hacer para que la redistribución de ingresos tenga una mejora continua y sustentable en el tiempo? ¿Será mediante sucesivos aumentos del IRPF? ¿O como propuso alguien recientemente “hacer a los ricos menos ricos”?

Se presentan dos problemas a futuro. Es mucho más sencillo llevar a cabo una política redistributiva de este tipo cuando la economía está creciendo y, por lo tanto, los ingresos de las personas aumentan. Después de todo, en estos años hubo un aumento sideral de la presión tributaria a los sectores medio-altos y aún así lograron un crecimiento significativo de sus ingresos. Cuando la economía se desacelera o se estanca los ajustes fiscales son más dolorosos. Eso ya lo hemos vivido en el pasado y se notará claramente el año próximo cuando entren a regir los incrementos y modificaciones en las deducciones del IRPF.

El otro problema es: ¿cómo se construye una sociedad más igualitaria y se la hace sustentable en el tiempo? La respuesta pasa por reconocer que las bases de una sociedad más igualitaria dependen del desarrollo de mayores niveles de igualdad en el punto de partida y no en el punto de llegada. Es el desafío que impone un largo y trabajoso camino hacia la igualdad de oportunidades, un tema que está actualmente ausente de las políticas públicas y del debate en general en el Uruguay. No es novedad que la piedra angular de ese camino pasa por la educación.

El FA ha fracasado con total éxito en este tema y nada hace prever que se pueda ser más optimista para un futuro. Como dijo recientemente una autoridad educativa, el sistema es una fábrica de desigualdad. Desgraciadamente este es un tema que va mucho más allá de las pulsiones redistributivistas y la búsqueda de pretendidas igualdades mediante el expediente de nivelar hacia abajo.

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