Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

De consensos y disensos

En las últimas semanas y en diversos eventos, economistas de distinta extracción política han brindado opiniones sobre los escenarios futuros que se le presentan a Uruguay e iniciativas de eventuales gobiernos.

En las últimas semanas y en diversos eventos, economistas de distinta extracción política han brindado opiniones sobre los escenarios futuros que se le presentan a Uruguay e iniciativas de eventuales gobiernos.

También tuvimos oportunidad de escuchar a los técnicos gubernamentales y militantes del gobierno dar su versión del pasado y futuro del Uruguay, mejor dicho del País de las Maravillas. El relato es muy simple y requiere poca sofisticación mental para ser comprendido. Reza algo así como: antes de nosotros era el caos. Luego vinimos nosotros y el país creció, la pobreza bajó, la distribución del ingreso mejoró, los inversionistas hacen cola para venir a invertir su dinero acá. Todo eso porque gobernamos nosotros. Los que gobernaban antes eran unos inútiles y si los votan vamos a volver a ese desgraciado pasado donde los niños comían pasto. (Por cierto nunca nadie vio a un niño comer pasto, pero al candidato oficialista le encanta decirlo y, algo del “efecto Goebbels” siempre queda).

La buena noticia es que existe otro grupo entre los cuales incluso hay varios profesionales afines al gobierno pero que desarrollan su actividad en otros ámbitos y asesores de los partidos de oposición, que han mostrado coincidencia en algunos puntos muy importantes.
Enumeremos algunos temas en los que parecería existir un amplio acuerdo: el contexto externo que se le presentará a Uruguay en los próximos años no será tan favorable como el que existió en la última década. Por lo tanto, la economía uruguaya crecerá a tasas mucho más moderadas. Eso implica no solamente reconocer el rol que ha jugado el contexto externo sino, que habrá que aceptar que, como consecuencia de esa desaceleración, no habrá la superabundancia de recursos públicos que hubo durante la última década. Eso implica la necesidad de ir a una política de gasto donde el mismo esté mucho más atado a la evolución del PIB y, en la medida de lo posible, crezca por debajo del mismo de forma de ir corrigiendo progresivamente el significativo desequilibrio fiscal que este gobierno le legará al próximo. Ello obligará a extremar los cuidados para maximizar la eficiencia del gasto. Hay que dejar de hacer gárgaras con lo muy gastadores que somos para pasar a preocuparnos de los resultados que obtenemos con lo que gastamos. Es imperioso mejorar la eficiencia del gasto público y para ello lo primero es reconocer que en los últimos años allí se ha generado un problema serio.

En materia inflacionaria existe acuerdo en la necesidad de llevar nuestros guarismos a niveles aceptables internacionalmente y formular metas que sean creíbles y no sistemáticamente incumplidas. Esto estaría también en la base de la posibilidad de vincular la evolución de los salarios al aumento de la productividad, algo con lo que la mayoría de los analistas coinciden y que, el mal desempeño en materia inflacionaria, dificulta.

En materia de inserción internacional habría que profundizar los acuerdos con los países del Pacífico de América Latina, integrándose a la Alianza para el Pacífico consolidando con Perú y Colombia acuerdos como los que Uruguay tiene con Chile y México.

En definitiva, coincidencias en un abanico importante de temas muy sensibles en los que prácticamente solo los personeros del actual Gobierno se excluyen por la soberbia de no reconocer los errores cometidos.

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