Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

El ajuste fácil

Hace pocos días se conocieron las cifras del desempeño fiscal del gobierno en el último año. Las mismas no sorprendieron a nadie ya que se sabía que los resultados serían muy malos y que efectivamente, en el año 2014, el déficit fiscal haya sido similar al registrado en el crítico 2002 solo habla del pésimo manejo de las finanzas públicas del actual gobierno.

Hace pocos días se conocieron las cifras del desempeño fiscal del gobierno en el último año. Las mismas no sorprendieron a nadie ya que se sabía que los resultados serían muy malos y que efectivamente, en el año 2014, el déficit fiscal haya sido similar al registrado en el crítico 2002 solo habla del pésimo manejo de las finanzas públicas del actual gobierno.

En la pasada campaña electoral tanto los referentes económicos de la oposición como economistas independientes advertían sobre la necesidad de alinear el resultado fiscal. Eso sí, el término “ajuste” fue erradicado del lenguaje políticamente correcto. El Frente Amplio logró que algunos términos se convirtieran en “cucos”.

Desde el oficialismo todo planteo tendiente a introducir alguna racionalidad en las cuentas públicas se desestimaba con la habitual catarata de lugares comunes a que nos tienen acostumbrados. Pero hete aquí que al resultar nuevamente vencedor el Frente Amplio y aprovechando el período de transición, se comienza a operar un claro ajuste fiscal al que podríamos calificar de “fácil”. El adjetivo viene a cuento porque no necesita del acuerdo de nadie más que del propio Poder Ejecutivo. Nada de leyes ni discusiones parlamentarias. El ajuste fácil es más sencillo y se basa en dos componentes cuyo objetivo es aumentar los ingresos de Rentas Generales.

Es un aumento de tarifas públicas por sobre lo que indicaría la evolución de las variables que condicionan los costos de los servicios prestados. Poco importa que los mismos jerarcas que hoy avalan un aumento, hayan dicho hace un par de meses que habría una reducción. El valor de la palabra está muy devaluado en el Uruguay actual. Hay que pagar el Carnaval electoral, la propaganda y la construcción de carreras políticas de los jerarcas de las empresas públicas.

El otro expediente utilizado año tras año por las autoridades para incrementar la recaudación, consiste en una artimaña para que los trabajadores paguen cada vez más IRPF. Esto se logra ajustando el valor de las franjas del IRPF por un porcentaje menor al aumento de los salarios. Así los trabajadores que no pagaban comienzan a pagar y aquellos que ya lo hacían pagan tasas más altas. Esto ha sucedido desde que se implementó el impuesto. Por ejemplo, en el año 2014 la recaudación por IRPF proveniente de las rentas del trabajo aumentará alrededor de 20%. Ese incremento no se explica por un aumento de empleo ni por un aumento de salarios solamente, sino por el hecho de que más personas están comprendidas y pagan más.

Algo similar ocurre con los contribuyentes del IASS y porque las jubilaciones se ajustan de acuerdo al Índice Medio de Salarios, mientras que el mínimo no imponible aumenta de acuerdo al IPC.

De alguna manera, el gobierno se apropia de parte de los aumentos reales de salarios y pasividades. Por supuesto que del PIT CNT solo se escuchó una tímida protesta a modo de saludo a la bandera. El tema de fondo que habría que discutir es cuál es el uso que hace el gobierno con los recursos que detrae de los trabajadores y pasivos. Ahí nos encontramos con un problema serio que no parece ser el centro de las preocupaciones de los uruguayos. Mientras el ingreso aumente, no parece importar demasiado si se les quita más dinero y si lo que se le da a cambio es de pésima calidad.

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