Diego Fischer
Diego Fischer

¿Es este el país que prometieron?

Dos informaciones relevantes difundidas en las últimas semanas pasaron —aparentemente— inadvertidas.

El semanario Búsqueda publicó un par de ediciones atrás el resultado de una pesquisa que reveló que en el Hospital Pereira Rossell, en 2016, el 78% de las madres que dieron a luz tenían menos de 30 años, mientras que a dos cuadras de allí en el Hospital Británico, el 22% de las madres tenían 30 años o menos mientras que el 78% eran mayores a dicha edad. Cifras muy similares a la del Británico se registraron en la Asociación Española. Es sabido que el Pereira Rossell es la mayor maternidad que existe en el país. Cada año, allí nace uno de cada seis uruguayos. El 25% de dichos partos correspondieron a mujeres menores de 19 años. Mientras que en el Británico no hubo ningún nacimiento de madres menores de 18 y el 22% fue de mujeres entre 18 y 30 años.

El Hospital Pereira Rossell y el Hospital Británico están ubicados a tan solo dos cuadras de distancia uno del otro. Pero la separación de la población que se atiende en uno y otro es sideral. Una semana antes de los datos revelados por Búsqueda, se editó un libro escrito por las docentes Zózima González y Verónica Dentone, ambas con décadas de trayectoria en la Educación pública y privada.

González y Dentone llevaron adelante una investigación que hizo foco en la deserción escolar y tomó como base la cantidad de niños que nacen anualmente en el Pereira Rossell. Según dicho estudio, el porcentaje de esos nacimientos que corresponde a madres adolescentes que tienen entre 14 y 19 años, es altísimo. Mientras que el 10% de dichos partos, corresponden a niñas de 11 años. La investigación titulada Luces y sombras: padres e hijos a la escuela, muestra que el embarazo adolescente es la causa fundamental de la deserción escolar. De acuerdo a esta investigación, la madre abandona sus estudios una vez que da a luz y no regresa más. La historia se vuelve un ciclo perverso con los hijos de dichas madres que no concurren —en su enorme mayoría— a la escuela, cuando llegan a la edad de hacerlo.

Estos datos no son nuevos. Son el fruto de un proceso de deterioro social que hizo eclosión en el 2002. No obstante a fines 2003, el país retomó la senda de crecimiento y lo ha hecho de manera ininterrumpida y a tasas históricos en los últimos catorce años. ¿En que se gastó la bonanza de todo este tiempo? Porque estas cifras demuestran que no hubo inversión en áreas sociales o por lo menos no resultó efectiva. Por más que se argumente y los números oficiales confirmen que los presupuestos de Salud y Educación son los más altos que haya tenido el país en su historia, los resultados son también los peores.

Mujica, cuando era candidato a la Presidencia, habló de una ciudad dividida: los pobres de avenida Italia al norte y los cajetillas en los barrios costeros. Fue electo, contó con mayoría parlamentaria y una economía que crecía a toda máquina. El resultado está a la vista en pleno Montevideo. La mayoría de los uruguayos nace en la pobreza, son hijos de madres adolescentes y ahora también niñas. A dos cuadras a la redonda del Pereira Rossell, nacen en dos centros médicos privados los hijos de los uruguayos que financian con siderales impuestos el supuesto gasto social. ¿Es este el país de primera que nos prometieron?

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