Diego Fischer
Diego Fischer

¿Nueva embestida?

Por estas horas nos enteramos que en la Rendición de Cuentas a estudio del Parlamento se introdujo un ar-tículo que, en forma por demás sorpresiva, reflota la llamada ley de las fotocopias. La sorpresa fue mayúscula, ya que no solo echa por tierra la norma que consagró los derechos de autor en 1937 y puso a Uruguay junto a Argentina a la vanguardia en América, sino que además deja a un lado el acuerdo logrado el año pasado por la Cámara Uruguaya del Libro, Agadu, la FEUU y el propio Pit-Cnt.

Por estas horas nos enteramos que en la Rendición de Cuentas a estudio del Parlamento se introdujo un ar-tículo que, en forma por demás sorpresiva, reflota la llamada ley de las fotocopias. La sorpresa fue mayúscula, ya que no solo echa por tierra la norma que consagró los derechos de autor en 1937 y puso a Uruguay junto a Argentina a la vanguardia en América, sino que además deja a un lado el acuerdo logrado el año pasado por la Cámara Uruguaya del Libro, Agadu, la FEUU y el propio Pit-Cnt.

Si dicho artículo fuera sancionado, escritores, músicos, compositores, artistas plásticos, y científicos, en definitiva todas las personas que en este país vivimos o intentamos vivir honradamente de nuestro trabajo, seríamos condenados al hambre.

¿Qué sucedió desde mediados del año pasado a este para que una vez más se vuelva a intentar avasallar los derechos adquiridos y desconocer ya no solo una historia de más de ocho décadas, sino extender el certificado de defunción a los creadores uruguayos y a todos aquellos que trabajan gracias a la creación de estos?

“Crear vale” fue el eslogan que pergeñó Álvaro Ahunchain, escritor, columnista de El País y reconocido director de teatro y publicista.

Esta frase fue utilizada en la última Feria Internacional del Libro, celebrada en Montevideo. Es una excelente síntesis de todo lo que implica, genera y aporta el trabajo de los creadores.

No solo hablamos del sustento de los hombres y mujeres que hemos optado por dedicar nuestra vida a la creación, cualquiera sea la disciplina, sino lo que ella genera de mano de obra y el aporte que hace a la cultura. Pero sobre todas las cosas está el tan intangible como encomiable fin que es hacer, o al menos intentarlo, de este país un lugar mejor.

Creative Commons es una empresa norteamericana, cuya sede central está en la ciudad View Mountain en California, Estados Unidos. Fue fundada en 2001 por Lawrence Lessig, un abogado especialista en derechos de autor de la Universidad de Stanford. Desde su fundación no ha cesado de utilizar todo su poder y sus artimañas para modificar -en el mundo entero- las normas que en los distintos países protegen los derechos de autor.

El año pasado, el periodista Leonardo Haberkorn realizó una exhaustiva investigación en la que dejó al descubierto quiénes estaban financiando a los que impulsaban la ley de fotocopias.

Es bueno hacer memoria y recordarles a los legisladores, sobre todo a aquellos que se rasgan las vestiduras con el antiimperialismo, que la cultura de un país es el mayor patrimonio de una nación. Es parte fundamental de su soberanía.

Es tan válido defender el derecho de autodeterminación de los pueblos, como el de proteger su cultura. La literatura, la música, las artes plásticas, las investigaciones y descubrimientos científicos, así como la educación en su conjunto, son y seguirán siendo la esencia de la cultura.

El Uruguay tiene una magnífica trayectoria y tradición sobre el tema, que no parece del caso destrozarla de un plumazo. El Parlamento tiene ahora la responsabilidad y la palabra: la cultura espera ser respetada y defendida.

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