Diego Fischer
Diego Fischer

Las dos Montevideo

Al parecer existen dos Montevideo. La ciudad real en la que vivimos la mayoría de sus habitantes y la de las autoridades de la Intendencia, fruto de su imaginación y su miopía.

Al parecer existen dos Montevideo. La ciudad real en la que vivimos la mayoría de sus habitantes y la de las autoridades de la Intendencia, fruto de su imaginación y su miopía.

La real es la de la mugre en casi todos los barrios. La de contenedores de basura desbordados y destrozados y basurales endémicos. Es también la del tránsito imposible y de un servicio de transporte público pésimo y muy caro. Una ciudad en que viajar mal e incómodo en taxis viejos y sucios cuesta una pequeña fortuna, y apelar a Uber se ha vuelto una necesidad. Es también la del corredor Garzón, monumento a la mayor desidia, incapacidad y soberbia que se recuerde y cuyo costo superó los US$ 40 millones. Montevideo la que cada vez más -y en todos los barrios- muestra la dolorosa postal de hombres y mujeres durmiendo debajo de un alero su sueño de droga. La capital cuyo Centro y Ciudad Vieja se transforman en zonas intransitables por la inseguridad y el paisaje humano que aflora ni bien cae la noche. La ciudad de fachadas y muros descuidados o arruinados por grafitis. La capital a la que se la ha dotado de cámaras para controlar el tránsito para prevenir accidentes; fin plausible si fuera el real objetivo y no el de multar a los cuatro vientos para recaudar cuantiosas sumas. Así es la Montevideo real, la que se vive, percibe y se padece, si se anda por ella todos los días.

La otra Montevideo, la de los jerarcas municipales, es la ciudad en obra constante, la que “el mes que viene quedará limpia y reluciente”. ¿Por qué? Porque según se dice y repite desde el Palacio Municipal, se completará la flota nueva de 15 camiones recolectores de basura, que iba a quedar pronta en agosto (de 2016), luego en noviembre, después en enero y ahora en abril. Para entonces, también vendrán tres camiones más para lavar los contenedores de basura, que desde hace años -no sabemos cuántos- no se limpian.

Es la ciudad en la que, días pasados, el boleto aumentó de un saque un diez por ciento. Porque según el intendente Daniel Martínez “la matemática es la matemática, no hay vuelta”. Es la capital en la que pronto se comenzarán a ver los resultados de la administración que asumió en julio de 2015.

Lo que no se tiene en cuenta a la hora de anunciar la inminente llegada de tiempos mejores -que ojalá vengan algún día- es que el Frente Amplio gobierna en Montevideo de manera ininterrumpida desde 1990. Son 27 años. Casi dos generaciones nacieron y crecieron bajo sus administraciones y han vivido siempre con esta basura y este transporte.

Montevideo es la capital de un país turístico, que muestra alevosamente la desidia de sus autoridades traducida, ya no solo en la ineficiencia de la prestación de los servicios elementales, sino también en el abandono de sus espacios públicos y monumentos. A ello se le suma la dejadez y complicidad de una parte de sus habitantes.

Los montevideanos pagan impuestos muy superiores a los que se abonan en Madrid, París y Roma. Montevideo, gravada por tributos mayores que las capitales más hermosas, cuidadas y visitadas del mundo. El resultado está a la vista. ¿Podrá Martínez corregir su miopía y hacer en los tres años que le restan de gestión, lo que sus antecesores no hicieron en casi tres décadas?

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