Diego Fischer
Diego Fischer

Los jacobinos de hoy

¿Liberalismo? No: digamos mejor jacobinismo. Se trata efectivamente, de un hecho de franca intolerancia y de estrecha incomprensión moral e histórica, absolutamente inconciliable con la idea de elevada equidad y amplitud generosa que va incluida en toda legítima acepción de liberalismo…”.

¿Liberalismo? No: digamos mejor jacobinismo. Se trata efectivamente, de un hecho de franca intolerancia y de estrecha incomprensión moral e histórica, absolutamente inconciliable con la idea de elevada equidad y amplitud generosa que va incluida en toda legítima acepción de liberalismo…”.

Así se refería José Enrique Rodó, en carta publicada en el diario El Siglo, el 5 de julio de 1906, a la decisión del gobierno de José Batlle y Ordóñez de sacar los crucifijos de los hospitales. Fue el comienzo de un tiempo de intolerancia y persecución a todo lo que representara y simbolizara la religión católica unida entonces al Estado. La carta de Rodó titulada “La expulsión de los crucifijos”, fue la primera de una serie de publicaciones que el autor de Ariel escribió en las semanas siguientes en el mismo periódico y que marcaron para siempre su distanciamiento de Batlle y Ordóñez, de cuyo sector y partido ocupaba una banca de diputado en el Parlamento. Las reflexiones de Rodó fueron compiladas en un libro titulado Liberalismo y Jacobinismo. Por él mereció el reconocimiento de intelectuales de enorme prestigio como el vasco Miguel de Unamuno. También políticos locales co-mo José Pedro Ramírez y Claudio Williman -que meses más tarde sucedería a Batlle- expresaron a Rodó su conformidad por “los conceptuosos y brillantes artículos”
El domingo pasado El País publicó un extenso informe titulado Laicidad. A gusto del intérprete, en el que se recogieron las opiniones de diferentes actores políticos y jerarquías de la Iglesia sobre la propuesta del cardenal Daniel Sturla de colocar una imagen de la Virgen María en la Rambla del Buceo. Hace dos años, el proyecto recibió la aprobación de la Intendencia de Montevideo, pero debe contar con el aval de la Junta Departamental, donde no alcanzan los votos. Simultáneamente, en el Parlamento se presentó un proyecto de ley, firmado por diputados de todos los partidos, para declarar el 6 de abril el Día de la Laicidad. Celebrar un 6 de abril la laicidad es un sarcasmo. Fue en esa fecha, pero de 1906, que el diputado colorado Eugenio Lagarmilla presentó una moción ante la Comisión Nacional de la Caridad para que se retiraran de todas las dependencias de esa entidad las imágenes religiosas de cualquier religión positiva. En otras palabras, se reclamaba el retiro de los crucifijos e imágenes católicas de hospitales, orfanatos y toda institución pública. Asimismo, se les prohibió a las monjas el ejercicio de la caridad en los hospitales, donde asistían a los enfermos. Fue el comienzo del laicismo y de la aprobación de una sucesión de leyes y disposiciones contra la Iglesia Católica y sus fieles. La situación comenzó a zanjarse con la Constitución de 1917, que dispuso la separación de la Iglesia del Estado y en cuya redacción jugó un papel fundamental el diputado Washington Beltrán Barbat.

A más de un siglo de aquella persecución, hay quienes pretenden resucitar un fenecido debate. El artículo del domingo de El País dejó en claro la gran cantidad de ciudades y localidades del interior en las que hay imágenes católicas en espacios públicos, y la colaboración que existe entre las intendencias departamentales y la Iglesia. Toda expresión de intolerancia debe ser condenada. El laicismo es una de ellas. ¿Acaso no es un acto de intolerancia impedir que se coloque una imagen de la Virgen María en la Rambla? Para aquellos que se autoproclaman liberales, en palabras de Rodó es también jacobinismo.Los jacobinos de hoy, Diego Fischer, Batlle y ordóñez, Día de la Laicidad

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