Diego Fischer
Diego Fischer

El cambio que nunca llega

La filosofía no pude ser soñar con pertenecer al Estado o a una oficina del Estado para tener un privilegio. Creo que debemos hacer que la gente se sienta desafiada por el futuro”. La reflexión fue formulada por el empresario Orlando Dovat, creador de Zonamerica en un reportaje publicado por El País el sábado último.

La filosofía no pude ser soñar con pertenecer al Estado o a una oficina del Estado para tener un privilegio. Creo que debemos hacer que la gente se sienta desafiada por el futuro”. La reflexión fue formulada por el empresario Orlando Dovat, creador de Zonamerica en un reportaje publicado por El País el sábado último.

La entrevista sorprende por la sucesión de comentarios, afirmaciones y críticas sensatas con que Dovat respondió a las preguntas de la periodista Lucía Baldomir. En un país en el que -mayoritariamente- los empresarios no ocupan ante la opinión pública el espacio que legítimamente deberían tener, cediendo dicho terreno a los sindicalistas y políticos, resulta muy importante escuchar a un hombre que se lo puede definir como el creador de las zonas francas en Uruguay, con la consecuente generación de miles de puestos de trabajo de calidad.

Y para quienes discrepen con esta afirmación, les recomiendo que visiten el gigantesco predio de la ruta 8 a la altura del kilómetro 17,500. Allí, en 90 hectáreas, funcio-na desde hace 25 años el Uruguay que muchos de los orientales soñamos para nuestros hijos. Trabajan más de 10 mil personas en empresas de muy diferentes rubros. Algunas de ellas son compañías que desarrollan proyectos e investigaciones para el mundo entero. Aclaro que no conozco personalmente a Dovat y no me une a él ni a Zonamerica ningún vínculo, ni interés.

Existe un claro problema en los gremios, los sindicatos donde prima la mentalidad de que “hay que enfrentar los cambios y para cambiar nadie está dispuesto a sacrificar nada. Mientras no estemos dispuestos a dar un paso atrás para dar dos adelante… (…) A la gente le asustan con los cambios”, enfatizó Dovat.

Cabe recordar que el Uruguay a fines del siglo XIX y comienzos del XX, se modernizó gracias a la visión y el trabajo de empresarios como Antonio Lussich que llegó a tener una de las flotas fluviales y marítimas más importantes del mundo.

Qué también jugaron un papel clave en esa modernización los inmigrantes europeos de los que descendemos el 90 por ciento de los orientales. Estos ancestros, corridos por el hambre, llegaron a estas latitudes no solo buscando el trabajo que sus países de origen les negaba, sino con el anhelo de que sus hijos estudiaran y se prepararan para el futuro. En Uruguay encontraron tierra fértil para sembrar y cosechar sus sueños.

Fueron muchas las generaciones que se formaron bajo esa cultura: el trabajo, el estudio y el esfuerzo personal como únicas herramientas para el ascenso social. Pero el mundo siguió avanzando y el Uruguay se sentó a ver pasar los cambios, mientras se aferraba a la nostalgia, paradigmas fenecidos, y a promesas de gobernantes que un día decían una cosa y al otro, otra.

Hoy un empresario exitoso nos dice que al Uruguay le faltan líderes que propongan cosas en nuestra sociedad. Y plantea, no solo cambiar masivamente toda la educación, sino crear también un gran fondo para solventar el estudio en el exterior de los mejores estudiantes de los liceos. “Imagínese 300 o 400 másters o PhD en Uruguay tratando de cambiar al país”.

¿No sería sensato escucharlo y poner en práctica su propuesta?.

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