Diego Fischer
Diego Fischer

Alma mía: algo huele mal

Si no fuera que la farra nos costará más de US$ 800 millones, podríamos decir que lo de Ancap es un culebrón que ni el más creativo libretista mexicano hubiera logrado escribir.

Si no fuera que la farra nos costará más de US$ 800 millones, podríamos decir que lo de Ancap es un culebrón que ni el más creativo libretista mexicano hubiera logrado escribir.

Un teleteatro, como se decía antes, en que los galanes de la historia no se dejan correr con el poncho y que cierran filas alrededor de una nefasta administración que la Justicia -si toma cartas en el asunto- deberá aclarar.

“Fue una chambonada”, dijo Mujica al referirse a la gestión de su hasta ahora delfín, Raúl Sendic. Si esto hubiera sucedido en un gobierno de los partidos históricos estaríamos ante una sucesión de “gravísimos actos de corrupción”. Pero, como cantaba Mercedes Sosa, en su tema que fue leitmotiv de la campaña electoral de 2005 del FA, “cambia, todo cambia”.

Sí señores, resulta que ahora es chambonada hacer negocios turbios con Venezuela, gastar US$ 360 mil en una fiesta para agasajar a la ex presidenta argentina Cristina Fernández. Se llama también chambonada repartir, sin ningún tipo de control, cientos de miles de dólares en publicidad para una empresa monopólica que maneja el combustible y sus derivados del país, o regalarle el equipamiento y plata a un correligionario para que instale una emisora de radio.

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define chambonear como “desacierto propio del chambón”, e indica la palabra “chapuza” como uno de sus sinónimos. Según la RAE, chapuza en México quiere decir “estafa”. Usted elige qué término le va mejor a este desaguisado.

Como se sabe, el pasado sábado fue un día histórico para el Parlamento; diría vergonzosamente histórico. La Cámara de Diputados se reunió para aprobar con los votos exclusivos del FA el salvataje de Ancap. Más de 12 horas duró la sesión y quedó claro el choque entre los diputados que responden al eje Mujica-Sendic y los legisladores que lidera el ministro Danilo Astori. Entre las numerosas intervenciones, llamó la atención la realizada por el diputado José Querejeta de la lista 711, defensor a ultranza de la actuación de Sendic en Ancap. Sostuvo que la comisión investigadora “no encontró nada” y que la oposición “miente cuando intenta sembrar dudas sobre la gestión de Ancap”. Por su parte, el nacionalista Jorge Gandini expresó que con el tiempo se sabrá si la campaña para las internas de la 711 fue financiada con plata de Ancap.

El FA inició en marzo su tercer período con mayoría parlamentaria. Tuvo la fortuna de llegar al poder en momentos en que el país y la región ingresaban en un período de crecimiento económico sin precedentes. Un manejo criterioso de la economía y las heridas sin cicatrizar de la crisis del 2002, le posibilitó que la ciudadanía le renovara la confianza en 2010 y volviera a apostar por él en 2015. Nada de lo de Ancap había trascendido entonces.

Algunos de los integrantes del gobierno se creyeron omnipotentes. Es sabido, el poder suele marear, cuando no tarar al más inteligente. También, en estas situaciones, los oportunistas y los inescrupulosos encuentran espacio para sus fechorías. En la madrugada de ayer, los diputados oficialistas dieron un penoso espectáculo a la ciudadanía al aprobar el salvataje y mantener a sus autoridades.

Seguramente, como tituló El País en su edición de ayer, el Frente se embriagó con las fragancias de Alma Mía, el perfume que produce Ancap.

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