Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

¡Otra vez la cuota!

La discriminación positiva, o cuota, puede ser justa y útil cuando un grupo humano es discriminado y se le impide ocupar un determinado lugar o puesto de trabajo por causa de su sexo u otra razón que nada tenga que ver con las aptitudes requeridas para el cargo. No es el caso de las mujeres en Uruguay para integrar las listas al parlamento. Se podría, hipotéticamente, presentar ante el electorado una lista exclusivamente femenina y dejar que sea el soberano el que determine la suerte de esa propuesta.

La discriminación positiva, o cuota, puede ser justa y útil cuando un grupo humano es discriminado y se le impide ocupar un determinado lugar o puesto de trabajo por causa de su sexo u otra razón que nada tenga que ver con las aptitudes requeridas para el cargo. No es el caso de las mujeres en Uruguay para integrar las listas al parlamento. Se podría, hipotéticamente, presentar ante el electorado una lista exclusivamente femenina y dejar que sea el soberano el que determine la suerte de esa propuesta.

Es cierto que los cambios sociales son lentos, sin embargo, el avance de la mujer en todos los ámbitos laborales se ha mantenido, tanto en número como en responsabilidades y facultades de decidir. El rol de la mujer ha cambiado sensiblemente en el curso de dos generaciones, con el esfuerzo y perseverancia de las pioneras las más jóvenes ya encuentren un campo más apto para la competencia de igual a igual con sus contendientes hombres.

Es innegable la conveniencia de tener en el parlamento distintos puntos de vista para el análisis de asuntos en las más diversas áreas del conocimiento, tocando incluso aspectos sensibles como aquellos dedicados a la familia y los menores, en los cuales la visión de la mujer puede ser importante y conveniente. Sin embargo, hay un espectro amplísimo de temas en los que nada importa si son hombres o mujeres quienes los tratan y en cambio sí sería conveniente que los analizaran personas que, por su experiencia, tuvieran mucho que aportar o incluso aquellos que por su juventud viven problemas o situaciones que no son evidentes para los que están en otra etapa de la vida.

En ese sentido podríamos preguntarnos si admitiendo la cuota femenina no estaremos abriendo la puerta para una discusión sobre la determinación de otras reservas en las listas para grupos que consideren que sería importante expresar su visión en el ámbito parlamentario.

Realmente es un camino peligroso, cuanto mayor sea la oferta, mayor será la libertad de elegir y cuanto más limitadas con cuotas sean las listas, menor será la posibilidad de seleccionar a quienes el elector verdaderamente quiera ver representándolo.

Al establecer una cuota para mujeres no estamos protegiendo a un grupo débil en tanto la competencia para ocupar un lugar en el parlamento debiera ser intelectual, considerar que la mujer es más débil no es más que humillarla.

Sí, por supuesto, el Estado debe propender a proteger a la mujer en los aspectos de violencia doméstica, situación en la que sí es más débil que su compañero hombre.

Si sólo se trata del interés de equiparar disímiles visiones en el parlamento podría sostenerse, por algunos, que sería conveniente que se distribuyeran las bancas por profesiones u oficios. Podría, considerarse muy beneficioso tener juristas en el parlamento, una buena práctica que en generaciones anteriores era común y en los últimos tiempos se ha ido abandonando, con el claro impacto en el nivel de la legislación.Podríamos mencionar otras clasificaciones de las personas, basadas en su religión, etnia, capacidades diferentes, gente de más edad y jóvenes y así podríamos seguir con las más variadas formas de dividir y clasificar a las personas, que no es más que una forma de discriminar que es lo que se alega evitar.

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