Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

¿Laicidad o temor?

Desde que Mons. Daniel Sturla fue nombrado Cardenal de la Iglesia Católica, quien se propuso hacer llegar la fe que profesa a todos los sectores de la sociedad, se han levantado voces contrarias que nada tienen que ver con la defensa de la laicidad y sí con la prepotencia e intolerancia.

Desde que Mons. Daniel Sturla fue nombrado Cardenal de la Iglesia Católica, quien se propuso hacer llegar la fe que profesa a todos los sectores de la sociedad, se han levantado voces contrarias que nada tienen que ver con la defensa de la laicidad y sí con la prepotencia e intolerancia.

“En este Uruguay plural, democrático y laico, somos una minoría los católicos y no queremos ser la minoría del achique. Queremos ser gente de empuje, llenos de alegría por nuestra condición de cristianos, por el deseo de contagiar a otros” y agregaba en este sentido que “la iglesia tiene que subrayar más el aporte que hizo y hace al Uruguay porque es desconocido”. “Uruguay necesita de Cristo y de los fundamentos de los valores de la fe”. Así se expresaba Mons. Sturla en una de sus exposiciones.

Laico, según la Real Academia Española significa que “no tiene órdenes clerica- les” - “independiente de cualquier organización o confesión religiosa.” En otras palabras, el estado laico es aquel que no profesa una religión y reconoce la libertad de las personas de creer y expre- sarse libremente en materia de fe. En el mismo sentido, el artículo 5º de la Constitución de la República expresa: “Todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay. El Estado no sostiene religión alguna.”

Tal parece que la imagen que propone Mons. Sturla, tan carismático y cercano al pueblo y en particular a los jóvenes, ha sembrado cierto temor entre aquellos que profesan valores opuestos al cristianismo, en cuanto a lo que representa de armonía social. En contraposición a la lucha de clases, la solidaridad como un acto generoso y no como una expresión de autoridad sacándole al que tiene más, por el mero hecho de envidiar lo que posee. Enseña también el cristianismo los valores del sacrificio, ahuyentando la mala práctica de las dádivas que fomentan el ocio y los vicios sociales.

Justamente la solicitud de instalar la imagen de la Virgen en el predio donde desde hace años los católicos rezan el Rosario, provino del Cardenal Sturla y el rechazo parece más fundado en una negativa al crecimiento de tal figura, que al tan abusado concepto de laicidad.

Cómo es que se puede nombrar edificios públicos o calles con nombres de políticos que pueden agradar a algunos e irritar a otros y permitirse la instalación de esfinges que nada tienen que ver con el ser nacional o símbolos de masonería en la Plaza Matriz y no se autoriza, en un espacio que ya se ha tornado tradicional el rezo del Rosario, la instalación de una imagen de la Virgen María. ¿De qué libertad hablamos? Ya nada se puede decir del voto por disciplina partidaria que elimina toda individualidad a los representantes nacionales o en este caso municipales, agravado por aquellos que algún tiempo después, incluso aceptan haberse equivocado al emitir su voto contrario a la autorización. Que la autoridad municipal tenga competencia para autorizar o no el uso de los espacios públicos, imponiendo cierto orden, no significa que pueda hacer uso de herramientas políticas, como la disciplina partidaria, para coartar la libertad de los ciudadanos, sin un fundamento jurídico que respalde la resolución.

Esa actitud es solo autoritarismo y nada tiene que ver con laicidad o democracia.

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