Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Inmigrantes o forzados a migrar

Personas forzadas a establecerse en un país que no eligieron, cuyas costumbres no desean adoptar, sin intención de trabajo, subsidiadas por un Estado benevolente, cuyas intenciones podrían estar teñidas de intereses personales de los gobernantes, muy probablemente generarían un clima poco propicio a la integración. El tiempo no hizo más que confirmar lo que el sentido común presagiaba.

Uruguay, país de inmigrantes, sociedad formada por personas provenientes de distintos países y condiciones diversas, pero con un rasgo común, ingresaban al país con ánimo de residir y establecerse en él.
Este ha sido un país generoso con los inmigrantes, de hecho sus nacionales tienen ascendencia variada y con procedencia diversa con costumbres y tradiciones que caracterizan distintos grupos, sin embargo, las etnias, razas, nacionalidades, religiones y culturas conviven pacíficamente, amparadas por una legislación arraigada en la sociedad, que promueve la inclusión y la tolerancia.

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Personas forzadas a establecerse en un país que no eligieron, cuyas costumbres no desean adoptar, sin intención de trabajo, subsidiadas por un Estado benevolente, cuyas intenciones podrían estar teñidas de intereses personales de los gobernantes, muy probablemente generarían un clima poco propicio a la integración. El tiempo no hizo más que confirmar lo que el sentido común presagiaba.

Uruguay, país de inmigrantes, sociedad formada por personas provenientes de distintos países y condiciones diversas, pero con un rasgo común, ingresaban al país con ánimo de residir y establecerse en él.
Este ha sido un país generoso con los inmigrantes, de hecho sus nacionales tienen ascendencia variada y con procedencia diversa con costumbres y tradiciones que caracterizan distintos grupos, sin embargo, las etnias, razas, nacionalidades, religiones y culturas conviven pacíficamente, amparadas por una legislación arraigada en la sociedad, que promueve la inclusión y la tolerancia.

Impulsados por encontrar un mejor nivel de vida e incluso escapando de guerras, llegaron a estas tierras hombres y mujeres, muchos separados forzadamente de sus familias e incluso desconociendo si sus familiares estaban o no con vida. Con esfuerzo se establecieron, formaron familias, trabajaron, aprendieron el idioma local y a través de las escuelas, barrios, clubes y trabajos, fueron integrándose y adaptándose al nuevo medio y aceptándolo con gratitud.

Esta no ha sido la suerte de otros países en los cuales, en vez de dejar que los inmigrantes sean quienes realicen el esfuerzo de buscar sus propios caminos, el Estado ha tomado sobre sí la responsabilidad de subsidios y protecciones especiales, que incluso son más benévolos que los ofrecidos a los propios nacionales del lugar. Ejemplos sobran en el mundo en los cuales los inmigrantes no se han integrado a la sociedad que los recibe, creando una situación de riesgo social con resentimientos, aislamientos y formación de guetos.

Imprudencia, impericia, falta de experiencia, sentimiento de solidaridad u otras intenciones, justificadas o no, promovieron la venida de ex - presos y refugiados que no eligieron Uruguay como patria de adopción, sino que el Uruguay los eligió a ellos, haciéndolos sentir acreedores y eliminando el sentimiento de lucha que guiaba a nuestros ancestros.

Sin esfuerzo nada se alcanza, con añoranza no formarán niños sanos, con rencores que no podrán borrarse sino desde lo interno de cada uno, no lograrán la simpatía de quienes los reciben. La ayuda del Estado, corresponda o no, según el criterio de cada uno, no será suficiente si la voluntad de las personas no es la de establecerse como uno más del medio.

Es de esperar que la experiencia sirva para entender que el inmigrante es bienvenido en nuestro país en la medida que desee instalarse, trabajar, integrarse, educar a sus hijos y prosperar en una sociedad abierta en la que tendrá derecho a buscar trabajo, dedicarse a un oficio o profesión lícita, educar sus hijos y ser beneficiario de una cobertura de salud, como siempre ha sido.

Por el contrario, que el Estado promueva la inmigración forzada de personas cuya intención no es adaptarse al medio, manteniendo sí sus costumbres, religión y lengua como tradición, no parece ser una buena política.

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