Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Hora de actuar

El delito callejero, se ha vuelto tan violento y peligroso que se ha instalado como el objeto de artículos, estudios, diagnósticos y quejas ciudadanas. Mientras el tiempo transcurre, los delitos se suceden y las víctimas se multiplican sin que las soluciones tengan comienzo de ejecución.

El delito callejero, se ha vuelto tan violento y peligroso que se ha instalado como el objeto de artículos, estudios, diagnósticos y quejas ciudadanas. Mientras el tiempo transcurre, los delitos se suceden y las víctimas se multiplican sin que las soluciones tengan comienzo de ejecución.

El combate a la delincuencia tiene múltiples aristas por lo cual se debe combatir desde distintos ángulos, aun cuando no todos tendrán impacto de corto plazo. Por la gravedad de la situación el Estado no puede demorarse en tomar medidas concretas para sacar los delincuentes de las calles.

Se dice que el incremento de las penas no es disuasivo y puede que tengan razón, en cuanto a que los delincuentes comunes no hacen cuentas de cuál es la pena que les tocará en caso de ser condenados por el delito que planean. Seguramente eso es cierto, máxime en cuanto que una de las causas que motiva a los delincuentes es el consumo de drogas que elimina cualquier rasgo de razonabilidad en la mente del infractor. Sin embargo, mantener a los infractores detenidos por más tiempo tiene como consecuencia que se disminuya la reincidencia, que representa más del 50% de los actos delictivos.

Durante el período de reclusión el foco se debe poner en la reeducación, tanto en oficios como en aspectos psicológicos que les permitan incorporarse a la sociedad en forma positiva y ganarse la vida en forma honesta y para eso se necesita tiempo, tiempo de reclusión.

La tercera columna de combate a la delincuencia es la educación: urge planificar el destino de recursos para escuelas y liceos de doble horario con programas que incluyan la formación en oficios e idiomas, evitando así la deserción del sistema educativo.

Que no es fácil mejorar la seguridad, ¡claro que no!, que las causas son múltiples, ¡indiscutible! Que los recursos son escasos también, pero más que escasos el Estado debe destinarlos de mejor manera, me refiero a la eliminación de los subsidios a empresas deficitarias que llevan millones de dólares, no destinar fondos a las empresas públicas mal administradas, evitar errores legislativos que comprometen recursos y suspender las dádivas que generan en el beneficiario rechazo al trabajo y al esfuerzo.

El apoyo a las personas más desfavorecidas se debe vehiculizar a través de los centros educativos y de salud, no con dinero directo sino con alimentos y con la prestación adecuada de salud física, psicológica y bucal. Estos centros pueden servir a su vez como núcleos de congregación de los padres para que colaboren en su mantenimiento y a su vez para que se les pueda impartir, a quienes deseen, formación en distintas áreas con voluntariado.

Otro aspecto de vital importancia es que los policías tengan el respaldo para actuar a la vez que sean estrictamente controlados a efectos de evitar excesos.

Finalmente los jueces deben tener las herramientas para que los delincuentes permanezcan recluidos con penas suficientes y sin excepciones para los delitos graves. No es posible que quienes han cometido gravísimos delitos, estén un corto tiempo privados de su libertad y luego vuelvan a dañar a personas inocentes, en muchos casos con daños irrecuperables como la pérdida de la vida o lesiones graves.

Es hora de actuar y no de evaluar, sin demora.

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