Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

El futuro, un camino empedrado

Un sutil, persistente y permanente lavado de cerebro se arraiga en la sociedad uruguaya, una historia tergiversada se filtra en las mentes de los jóvenes, a la vez que se inculca la “igualdad” como un mérito, socavando la idea de sana competencia y deseo de éxito.

Un sutil, persistente y permanente lavado de cerebro se arraiga en la sociedad uruguaya, una historia tergiversada se filtra en las mentes de los jóvenes, a la vez que se inculca la “igualdad” como un mérito, socavando la idea de sana competencia y deseo de éxito.

Varias son las anclas que hunden la ilusión de futuro promisorio en el Uruguay. Este es un país de gran potencial en cuanto a su posibilidad de producir en el sector agropecuario, de crecer en el sector servicios y de desarrollarse en tecnología e industria y para ello la inversión es imprescindible y el Estado debe establecer el ambiente propicio para atraer la inversión nacional y extranjera.

La inversión de por sí, sin un aporte de capital humano, debidamente formado, no es suficiente para encaminar la economía hacia la creación de oportunidades y sin embargo lejos de tener una educación floreciente, esta transita un sostenido y aterrador declive.

Los programas son arcaicos, a la vez que mal impartidos, carecen de interés para los jóvenes y no permiten una salida laboral para aquellos que abandonan tempranamente los estudios, convirtiéndose probablemente en los así llamados “ni-ni”, expuestos y vulnerables frente a las posibles sustituciones de puestos de trabajo por tecnologías.

Si esos jóvenes, que no están preparados para incorporarse al mercado laboral dependiente, quisieran formar su propia pequeña empresa se verían enfrentados a un explosivo avance del peso fiscal y no tendrían un gremio que los defienda, por el contrario, los gremios defienden a los trabajadores que ya tienen trabajo, si es que representan realmente a los trabajadores.

El desorden, exceso y atropello en las relaciones laborales pasando por arriba de derechos de los trabajadores cuyo interés y opinión nadie pregunta y oponiéndose a los empresarios a veces con cierta razón y otras sin ninguna, desincentiva la nueva inversión de capital, cuando no destruye la ya instalada, con la consiguiente limitación a la generación de empleo.

Como broche de oro tenemos al “gremio” de los gobiernos, escudados en las normas internacionales, dictadas en el ámbito de la OCDE, organismo que ni siquiera integramos, que se protegen entre sí, persiguiendo el capital con ánimo recaudatorio, violando la intimidad, derecho con protección constitucional, amparándose en el concepto “políticamente correcto” de defensa contra el narcotráfico y el tráfico de armas, cuando solo defienden los mutuos intereses fiscales.

Mientras los jóvenes siguen esperando oportunidades, el país baja por el tobogán hacia la mediocridad, desvalorizando el ser educado, tener modales y tratar de superarse. El móvil del odio hacia el que tiene tal o cual posición, supera la satisfacción de logros propios. Esperar a un gran consenso, encontrar el mejor ejemplo al cual copiar y seguir en el gran camino de las discusiones teóricas, reclamando solo mayor presupuesto, sin siquiera saber en qué asignarlo, no atiende en lo más mínimo las necesidades de los jóvenes, quienes verán frustradas sus ilusiones.

La educación se corrige paso a paso, comencemos por hacer que las clases sean entretenidas, dejemos que los estudiantes piensen, investiguen, disientan y se desarrollen como personas, mientras vamos ajustando de a uno los problemas.

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