Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

La desigualdad que duele

Un nuevo gobierno asumirá el 1° de marzo próximo y tendrá la responsabilidad, entre otras, de reformar la enseñanza.

Un nuevo gobierno asumirá el 1° de marzo próximo y tendrá la responsabilidad, entre otras, de reformar la enseñanza.

Un país de inclusión no es un país de odio de clases o de abusos fiscales para proteger la burocracia o los sectores que, sin esfuerzo, consideran que son acreedores de beneficios, que por provenir del Estado se han obtenido con el trabajo de otros. La inclusión no es la mera asistencia económica que tiende a mantener a los más desposeídos en la misma situación en la que están. El país debe ser gobernado con respeto a todos los sectores sociales, con mayor atención para aquellos más desprotegidos de modo de impulsarlos hacia el mayor desarrollo a través de una correcta y eficiente educación.

No ha sido fácil hasta el momento lograr que la educación pública alcance niveles adecuados en los sectores más carenciados, diversos estudios han mostrado que en los lugares con menor poder adquisitivo, se encuentran las escuelas y liceos públicos con mayor repetición. Esta situación ya está limitando gravemente las posibilidades de esos chicos de tener un futuro promisorio.

No ocurre lo mismo con los liceos privados tales como Jubilar y Providencia de la Iglesia Católica o Impulso, este de carácter laico, centros educativos gratuitos gestionados y financiados por privados o con los proyectos de asociaciones civiles de apoyo a los estudiantes a la enseñanza pública, de los que hay múltiples ejemplos, todos ellos han tenido un resultado excelente.

El tema no es precisamente si los institutos son públicos o privados, sino que el Estado no se inhiba de apoyar a las instituciones privadas por el hecho de serlo o por ser confesionales, en tanto no se viole la laicidad, entendida esta como el respeto a la pluralidad y no como la ausencia de formación. Se ha avanzado en la dirección de permitir la derivación de fondos privados hacia institutos de enseñanza localizados en lugares de contexto crítico, sin embargo el estado persiste en beneficiar solo a los públicos con apoyos como la gratuidad del transporte, posibilidad de ingreso gratuito a espectáculos culturales, materiales didácticos e incluso alimentación.

El desafío es lograr sinergia entre los recursos públicos y privados en beneficio de los chicos, alejando de la educación las ideologías, sean estas del origen que sean, los niños que han nacido en situación de pobreza merecen un mejor futuro, no a través de la dádiva, sino formándose culturalmente, comprendiendo que el esfuerzo y la perseverancia es el camino hacia el éxito.

La colaboración de todos, el Estado, las empresas, las iglesias, la sociedad civil organizada en asociaciones civiles y la prensa pueden lograr una sinergia adecuada para dar impulso a los chicos que más lo precisan. No perdamos más tiempo, cada año que se demora es una generación que no recibe educación adecuada y que tiene mayor riesgo de caer en malos hábitos.

No se trata de establecer porcentajes del PBI para la enseñanza, que más parece una medida demagógica que efectiva, se trata de impulsar los medios para que los estudiantes se puedan formar y para ello se deben destinar recursos presupuestales hacia los niños de zonas carenciadas sin importar si el vehículo es una organización pública o privada, en tanto sea efectiva.

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