Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

¡¡¡Qué confuso!!!

Quienes toman, distribuyen y hacen pública información privada, infringiendo normas de carácter penal, ¡son héroes!

Quienes toman, distribuyen y hacen pública información privada, infringiendo normas de carácter penal, ¡son héroes!

Quienes, realizando una actividad totalmente lícita, son “escrachados” frente a la opinión pública, ¡son delincuentes!

Muy confuso.

En nombre de la transparencia se hacen atropellos de todo tipo. Amedrentados por organismos internacionales cuyos miembros son países poderosos, los más débiles han aceptado como “políticamente correcto” proteger los intereses de los gobiernos de terceros países en desmedro de los intereses de sus propios pueblos.

Poco a poco, con la excusa de salir de listas negras y grises, hemos accedido a eliminar a las SAFI, las acciones al portador, debilitar el secreto bancario, sin tomar en consideración que se afectaba el flujo de inversiones hacia el país, con el consiguiente impacto en el trabajo.

Nos hemos convertido, a través de los acuerdos de colaboración de intercambio de información tributaria, en asistentes de gobiernos extranjeros (el acuerdo con la Argentina) y con ello solo hemos logrado que un gobierno inescrupuloso haga suyos los recursos de ciudadanos, en muchos casos honestos, que sólo querían resguardarse de un Estado ambicioso y ruin.

Dimos satisfacción a quienes nos obligaron a eliminar instrumentos financieros en beneficio de gobiernos ajenos en vez de ser eficientes en investigar y sancionar a quienes hacían mal uso de esos instrumentos. A nosotros nos debe interesar que en el marco de nuestro sistema tributario todos los sujetos pasivos de impuestos contribuyan con las necesidades del Estado, no cuidar la recaudación de otros gobiernos.

Hoy vemos en imágenes la impudicia del poder irrefrenable que vació en miles de millones de dólares a un país rico como la Argentina, dejando como consecuencia un país con una infraestructura deteriorada, con déficit energético, con un sistema de transporte defectuoso y mayor cantidad de pobres.

Quizás esta realidad, que nos impacta pero no nos sorprende, nos haga reflexionar sobre lo que poco a poco se va inculcando como “políticamente correcto” y no es más que una forma de poner de rodillas a los más débiles para quienes la falta de inversión les va disminuyendo la posibilidad de nuevas fuentes de trabajo.

Con todos los problemas que tiene el Uruguay, una educación pobre, una seguridad en riesgo y una economía desacelerada, distraemos la atención de los legisladores creando una comisión en el Senado para protección de la “imagen del país” ante la filtración ilegal de la información de sociedades constituidas en el extranjero, que de por sí no constituyen ninguna actividad ilícita.

Lo que verdaderamente mancha la imagen del país es la corrupción, sea con intermediaciones inapropiadas en negocios públicos, con abusos de posiciones dominantes desde el poder, manejos ilegales en el fútbol o con el lavado de dinero del narcotráfico, y así podríamos seguir con varios ejemplos.

Los ciclos son inevitables y este puritanismo mal entendido volverá a su cauce; lo difícil será atraer la inversión perdida y crear nuevos puestos de trabajo.

Es una falacia afirmar que si se entorpece desde el Estado la creación de sociedades off shore se invertirá más en el país. La libertad regulada es el mejor camino para la inversión.

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