Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Autonomía o impunidad

Qué pobreza intelectual de aquellos que mediante viles mentiras intentan torcer las mentes de los jóvenes, inculcándoles que cualquier forma de liberalismo los aliena; cómo pueden tener semejante frescura las autoridades de la enseñanza de este país que se precia de ser laico?

Qué pobreza intelectual de aquellos que mediante viles mentiras intentan torcer las mentes de los jóvenes, inculcándoles que cualquier forma de liberalismo los aliena; cómo pueden tener semejante frescura las autoridades de la enseñanza de este país que se precia de ser laico?

Si fuera ignorancia de quienes preparan los materiales de lectura y de los docentes, ciertamente no deberían estar en la docencia. Si por el contrario la falsía es intencional menos deberían tener el privilegio de formar jóvenes. La libertad, el más preciado de los derechos, que tanta sangre de ilustres ancestros ha costado, solo debe ser limitada por causa de interés general y a través de ley, nunca como capricho del gobernante de turno.

Solo quienes no reconozcan en su propia sangre aquella de quienes forjaron la Patria y les heredaron el precioso tesoro de la autodeterminación, son quienes pueden contribuir a tan vil comportamiento.

El libro de secundaria que pretende ser de historia y más bien es de fábula afirma que el “liberalismo es una escuela de pensamiento económico para la cual no son prioridades ni la justicia ni la libertad, ni la igualdad y fue aplicado en Uruguay, primero por la dictadura militar y luego por los primeros gobiernos que la sucedieron, dirigidos por los partidos Colorado y Nacional, cuya condición de democráticos está en juicio.”

Vergüenza deberían sentir de mentir de forma tan descarada, quienes se supone deben ser asépticos en sus consideraciones. Dudar del sentir democrático de los partidos tradicionales o llamar liberal un gobierno de facto es indignante.

La única razón posible para semejante atropello al intelecto de los jóvenes y a su derecho a ser educados en la verdad, es que justamente es más fácil conducir los rebaños de personas ignorantes que conquistar pujantes intelectuales ávidos de libertad y de tener sus propias convicciones.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 incluye dentro de sus conceptos fundamentales que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos y que la finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales tales como la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. En igual sentido podríamos mencionar varios tratados, entre los cuales podríamos recordar el Pacto de San José de Costa Rica, que en su artículo primero expresa: “Los Estados Partes en esta Convención se comprometen a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción…”

La libertad no implica anarquía ni caos y mucho menos la opresión de unos por sobre los otros, como ha sido el ejemplo en los países comunistas de economía planificada. Muy por el contrario, el liberalismo se funda en que los individuos están facultados a hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás y su vida privada está protegida del accionar del Estado. En lo económico el impulso individual es el motor del desarrollo, bajo la regulación y control responsable del Estado que ha de cumplir con cometidos esenciales, entre los cuales los servicios de protección social son primordiales. Un Estado liberal y democrático no cede sus responsabilidades y cometidos a las corporaciones, sino que protege a los individuos de los abusos de estas.

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