Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Nada de que alegrarse

Camino empedrado el que hemos recorrido desde que comenzaron las sospechas respecto a faltas a la verdad de quien era el Vicepresidente de la República, Raúl Sendic.

Lo ocurrido nada tiene que ver con un tema personal. El correcto uso de los bienes y recursos públicos hace a la ética; minimizarlo es tan grave como el hecho en sí.

Tampoco se trata de si hay que rendir los gastos realizados con los viáticos, se trata que deben ser usados para la manutención de la persona que viaja en misión oficial representando al Estado y para los posibles gastos de representación si el cargo así lo exige.

Nada hay de ensañamiento contra un servidor público cuando se le solicita que explique cómo y para qué ha usado los recursos que le fueron confiados y que son del pueblo, ese pueblo cuya mayoría le ha otorgado su voto justamente para que administre el erario de manera honrada y eficiente.

La mala administración de los activos no es un tema menor cuando el efecto del desgobierno no lo soporta el causante sino un difuso señor pueblo que ni siquiera tiene claro que está pagando el pato de los errores ajenos.

Darse a conocer con un título que no se tiene, aunque ello no configure delito por no haber desempeñado la actividad asociada al pretendido título, es una falsedad y no otra cosa, nada tiene de persecución, sólo constatación.

No se trata de ninguna víctima, sino de una persona que no ha actuado de acuerdo a los principios éticos que debieran regir en la administración pública.

Se ha criticado a la prensa por informar y difundir. ¿Si los hechos de notoriedad no hubieran sido conocidos, los resultados hubieran sido los mismos? Probablemente no. Si no hubiera estado en la primera plana de la información hasta que se resolviera, ¿hubiera tenido el mismo desenlace? La prensa constituye, cuando es veraz y seria, el contralor de lo público y nada tiene que ver con acoso o persecución.

Ahora si quienes hablan de persecución están veladamente significando que Sendic no es el único que ha usado en beneficio propio los recursos del Estado, pues tienen la obligación de denunciarlo. Los obligados a los impuestos tienen derecho a conocer si hay otras irregularidades que estén representando un mal uso de sus aportes que con tanta facilidad se diluyen mientras quienes los deben proteger se entretienen con acusaciones, excusas y defensas de lo indefendible.

Uruguay estaba bien considerado en el mundo por el bajo nivel de corrupción; con estos acontecimientos nos hemos posicionado en un lugar de privilegio en la prensa internacional, un lugar no deseado, que quizás podría haber sido más discreto si todo esto se hubiera resuelto con mayor prontitud.

No hay nada de qué alegrarse, una persona que ve truncado su futuro, aun cuando sea responsable de ello, no puede querer decir regocijo de nadie. Quienes defienden lo indefendible dan un mal ejemplo y una mala señal en cuanto a los valores que deben ser defendidos en una sociedad sana y próspera. La viveza criolla no promueve el desarrollo, los países vecinos han sido el fiel reflejo de lo que significa el corrimiento de los valores éticos, democráticos y republicanos, orientando los respectivos pueblos hacia un destino al que no queremos llegar.

El país ha salido de este embrollo de la mano de la Constitución de la República y ello es lo único positivo de este episodio.

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