Carlos Alberto Montaner
Carlos Alberto Montaner

También son culpables

Ocurrió. La ingeniera María Corina Machado fue formalmente acusada de intento de magnicidio y de conspirar contra Venezuela mediante un siniestro golpe de Estado. Las “pruebas” del magnicidio eran unos falsos correos enviados por Internet. Fueron fabricados por la policía del señor Nicolás Maduro. Google se encargó de corroborar el fraude. Era un trabajo burdo.

¿Y qué? Al chavismo le trae sin cuidado ser sorprendido mintiendo. Ni siquiera se toma la molestia de rectificar o excusarse. Como en 1984, la novela de Orwell, el régimen posee un omnipotente Ministerio de la Verdad y en su neolengua escribe y reescribe la historia sin el menor recato.

No hay límite en la mentira. ¿No afirmó Chávez que el terremoto que destruyó a Haití fue causado por un arma secreta del Pentágono utilizada por el imperialismo para apoderarse del país caribeño?

La esencia del totalitarismo es ésa: regímenes que se apoderan de la verdad y le retuercen el pescuezo. Dicen o desdicen lo que l

Ocurrió. La ingeniera María Corina Machado fue formalmente acusada de intento de magnicidio y de conspirar contra Venezuela mediante un siniestro golpe de Estado. Las “pruebas” del magnicidio eran unos falsos correos enviados por Internet. Fueron fabricados por la policía del señor Nicolás Maduro. Google se encargó de corroborar el fraude. Era un trabajo burdo.

¿Y qué? Al chavismo le trae sin cuidado ser sorprendido mintiendo. Ni siquiera se toma la molestia de rectificar o excusarse. Como en 1984, la novela de Orwell, el régimen posee un omnipotente Ministerio de la Verdad y en su neolengua escribe y reescribe la historia sin el menor recato.

No hay límite en la mentira. ¿No afirmó Chávez que el terremoto que destruyó a Haití fue causado por un arma secreta del Pentágono utilizada por el imperialismo para apoderarse del país caribeño?

La esencia del totalitarismo es ésa: regímenes que se apoderan de la verdad y le retuercen el pescuezo. Dicen o desdicen lo que les da la gana. Al chavismo sólo le importa el relato que ellos hacen. Fabrican una historia, la divulgan, y el que la desmienta es un contrarrevolucionario al servicio de la CIA y se le persigue por medio de los tribunales de (in)justicia, puño y brazo togados de la revolución victoriosa.

Formalmente, Venezuela es una democracia liberal, con libertades individuales, derechos humanos y cívicos, partidos políticos, separación de poderes, propiedad privada y elecciones periódicas. La realidad es que se trata de una dictadura disfrazada, inmensamente corrupta, gobernada por una cúpula dispuesta a matar por no abandonar el poder.
¿Por qué desatan ahora la tosca maniobra contra María Corina? Porque el chavismo pretende aplastar a cualquier capaz de unir a la mayoría del pueblo en su contra, y porque el terror y la intimidación son los instrumentos para inducir a la obediencia. Por eso encarceló a Leopoldo López, a Daniel Ceballos y a Enzo Scarano, y mantiene a Manuel Rosales en exilio. Por eso Henrique Capriles fue a parar a un calabozo.
Pero tan culpables, como estos carceleros, aunque sea en menor grado, son sus cómplices. ¿Ignoran Cristina Kirchner, José Mujica o Dilma Rousseff, sus socios en el Mercosur, la inmunda alcantarilla en que el chavismo ha convertido a Venezuela? ¿No siente el kirchnerismo el menor escrúpulo al recibir maletas llenas de dinero para sus maniobras electorales robado a los venezolanos?

¿No le importa al español Mariano Rajoy, como no le importó a su antecesor Rodríguez Zapatero, vender armas a unos militares dirigidos por generales acusados de narcotráfico, a sabiendas de que van a ser utilizadas para reprimir al pueblo venezolano?

¿Creen los empresarios europeos, estadounidenses, chinos, rusos o lo que sean, que ellos tienen patente de corso moral que les permite sin mancharse hacer negocios turbios con el gobierno venezolano, y pagar sobornos, sin advertir que los crímenes que allí se cometen de alguna manera los salpican?

Cuando uno se mete en la cama con la mafia o con la casta uno es responsable, en algún grado, de lo que hacen la mafia o la casta.
La lista de los cómplices es larga y penosa, pero es bueno que quienes figuran en ella, aunque no aparezcan en este artículo, adviertan que los venezolanos presos, perseguidos o exiliados saben que ellos, los cómplices, también son culpables.

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