Carlos Alberto Montaner
Carlos Alberto Montaner

Hillary Clinton

El día previo a la convención demócrata, Hillary Clinton viajó a la Florida para revelar quién era su candidato a vicepresidente: Tim Kaine, senador por Virginia y exgobernador del estado. Un demócrata moderado, amistoso, con fama de ser una persona decente, que aprendió español como misionero en Honduras de la mano de los jesuitas. Les enseñaba a los jóvenes a trabajar como carpinteros o soldadores, mientras debatía internamente si se convertía en sacerdote o en político. Optó por el servicio público y desde entonces no ha perdido una elección en Estados Unidos.

El día previo a la convención demócrata, Hillary Clinton viajó a la Florida para revelar quién era su candidato a vicepresidente: Tim Kaine, senador por Virginia y exgobernador del estado. Un demócrata moderado, amistoso, con fama de ser una persona decente, que aprendió español como misionero en Honduras de la mano de los jesuitas. Les enseñaba a los jóvenes a trabajar como carpinteros o soldadores, mientras debatía internamente si se convertía en sacerdote o en político. Optó por el servicio público y desde entonces no ha perdido una elección en Estados Unidos.

La convención tenía cuatro objetivos principales:

• Lanzar la candidatura de Hillary Clinton, portadora de un mensaje optimista y positivo sobre Estados Unidos (en contraste con el país sombrío y decadente dibujado por Trump), al frente de un Partido Demócrata unido, y presentar, de paso, su perfil humano.

• Aplacar a una parte sustancial de los votantes de Bernie Sanders, casi todos jóvenes radicales partidarios del socialismo vegetariano, desconfiados de los lazos de Hillary con Wall Street y con el establishment, a quien ni siquiera le perdonan que hace medio siglo se asomara a la política como una Goldwater girl dentro de los Young Republican, aunque en elecciones posteriores apoyara a Eugene McCarthy y a George McGovern, los Bernie Sanders de aquella época tumultuosa de hippies y melenas desaliñadas.

• Demoler la imagen de Donald Trump, persuadiendo a los electores de que se trata de un estafador, megalómano, ignorante, inexperto, e hipócrita, a quien sería una locura entregarle los códigos nucleares porque podría incendiar el planeta.

• Convencer a los votantes de que Hillary es una persona confiable, y reducir ese altísimo porcentaje de norteamericanos (55%) que tiene, a priori, una opinión negativa de ella. Para esos fines le fueron muy útiles los magníficos discursos de Michelle y Barack Obama. La enfática declaración del Presidente, asegurando que nadie ha intentado llegar a la Casa Blanca con tantos méritos ni experiencia, incluidos Bill Clinton y él mismo, no ha caído en saco roto.

En cierta medida, Hillary logró esos cuatro objetivos, pero no de una manera definitiva. A estas alturas de los comicios, más del 80% de los electores ya han decidido por quién van a sufragar y, salvo una revelación estremecedora, la batalla se limita a conquistar a un puñado de indecisos e independientes que inclinarán la balanza en una u otra dirección.

Antes de la Convención, Hillary estaba tres puntos por debajo de Trump en la encuesta de CNN, pero luego se colocó un punto por encima. Todo, dentro del margen de error de este tipo de indagación. Es decir, nadie puede asegurar el resultado.

Curiosamente, el triunfo de Hillary puede venir del bando republicano inconforme con la candidatura de Trump, más o menos como los “demócratas pro Reagan”, núcleo fundamental de los neocons, contribuyeron decisivamente a la victoria republicana de 1980 frente a Jimmy Carter.

Primero se desafilió del partido el periodista George Will, luego lo hizo el historiador conservador y gurú republicano Daniel Pipes, porque se siente en las antípodas de Trump. Lo dijo en un artículo publicado en el Philadelphia Inquirer el 21 de julio: a los republicanos les conviene la derrota de Trump en noviembre, eliminar su influencia dentro de la organización, y reconstruirla desde dentro.

Estos republicanos no olvidan que Ronald Reagan, en lugar de fabricar un muro, llevó a cabo una amnistía migratoria que regularizó la presencia en el país de millones de inmigrantes indocumentados, casi todos procedentes de México.

Algo de esto intuyó Barack Obama en su notable discurso ante la Convención. Les dijo a los republicanos que el Partido de Lincoln en esta época era el demócrata. Era el que estaba abierto a los afroamericanos, a las mujeres, a las minorías, y los invitó a votar por Hillary.

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