Björn Lomborg
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Trump y París

Horas antes de que Trump anunciara que Estados Unidos abandonará el tratado de reducción de emisiones de carbono firmado en París, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se sumó a Twitter para declarar que la acción climática es “imparable”

Horas antes de que Trump anunciara que Estados Unidos abandonará el tratado de reducción de emisiones de carbono firmado en París, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se sumó a Twitter para declarar que la acción climática es “imparable”. El mensaje claro, reforzado por los líderes de la UE y China, es que el resto del mundo continuará con el Tratado de París sin EE.UU. Su resolución rápidamente se topará con tres verdades incontrovertibles:

1) El Tratado de París será el acuerdo mundial más caro de la historia. Reducir las emisiones sin tener sustitutos accesibles y eficaces para el combustible fósil significa una energía más costosa y un menor crecimiento económico. Los cálculos estimados utilizando los mejores modelos económicos revisados por pares muestran que el precio de todas las promesas del Tratado llegaría a US$ 1- US$ 2 billones al año, a partir de 2030.

2) El acuerdo siempre iba a tener un pequeño impacto en las temperaturas, pero sin los EE.UU. se logrará aún menos. Lo poco que cualquiera de nosotros recuerda del Tratado de París es la enérgica retórica de los líderes que dijeron que estaban comprometidos a mantener los aumentos de la temperatura en menos de 1,5 grados Celsius. El discurso enmascaró que las promesas verdaderas del Tratado de reducción del carbono -que no son jurídicamente vinculantes- solo alcanzan hasta 2030 y solo comprometen al mundo a lograr menos del 1% de las reducciones para mantener los aumentos de la temperatura por debajo de los 2 grados Celsius. El Tratado de París deja al 99% del problema inalterable. El Protocolo de Kioto fue vendido al mundo en 1998 como la solución para el calentamiento global y comenzó a desmoronarse rápidamente.

3) La energía verde está lejos de estar lista para suplantar a los combustibles fósiles. La energía verde es tan ineficiente que depende casi totalmente de los subsidios. España estaba pagando casi el 1% de su PBI en subsidios para energías renovables, más de lo que gasta en la educación superior. Cuando redujo los subsidios, la producción de energía eólica colapsó. Solo se obtiene, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), el 0,5% de las necesidades energéticas mundiales del viento y el 0,1% de la energía solar fotovoltaica.

Incluso para el año 2040, si el Tratado de París se hubiera mantenido totalmente en vigor, después de gastar 3 billones de dólares en subsidios directos, la AIE espera que el viento y la energía solar proporcionen solo entre 1,9 y 1% de la energía mundial.

La decisión del presidente Trump ofrece una oportunidad para repensar el enfoque. Lo que se necesita desesperadamente es una inversión significativa en investigación y desarrollo de energías verdes, para que la tecnología renovable pueda competir con los combustibles fósiles. Iniciativas como la Breakthrough Energy Coalition, en la que Bill Gates ha invertido US$ 2 mil millones, son un buen comienzo. Pero un panel de ganadores del Premio Nobel convocados por el Consenso de Copenhague sobre el proyecto climático encontró que no debemos solo duplicar la financiación de la investigación, sino aumentarla más de seis veces, a 100.000 millones de dólares al año. Un compromiso con la investigación y el desarrollo de la energía verde es lo que necesita el planeta ahora de los líderes mundiales, mucho más que una bravuconada.

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