Antonio Mercader
Antonio Mercader

Vázquez, Mujica y la marihuana

La fama de presidir “el país de la marihuana libre” persiguió a Tabaré Vázquez durante su gira por Europa obligándolo a explicar que la ley aún no se aplica y que no es partidario de que se consuman drogas. Es que en el mundo se da como un hecho que nuestro país legalizó la venta del cannabis en los tiempos de José Mujica y que se lo puede adquirir y fumar a destajo en cualquier sitio sin restricción alguna.

La fama de presidir “el país de la marihuana libre” persiguió a Tabaré Vázquez durante su gira por Europa obligándolo a explicar que la ley aún no se aplica y que no es partidario de que se consuman drogas. Es que en el mundo se da como un hecho que nuestro país legalizó la venta del cannabis en los tiempos de José Mujica y que se lo puede adquirir y fumar a destajo en cualquier sitio sin restricción alguna.

La propaganda internacional sobre el tema fue tan fuerte que apenas arribados a nuestras playas muchos turistas -el exboxeador Mike Tyson entre ellos- preguntan dónde pueden comprar marihuana. Su desilusión es grande cuando les dicen que todavía no rige la ley de la marihuana, esa que levantó comentarios por doquier y mereció elogios de medios influyentes como la revista The Economist, que declaró a Uruguay “país del año 2013” con mención especial para Mujica, su promotor.

Desde entonces “el presidente más pobre del mundo” sigue recibiendo alabanzas por una liberalización de la droga incumplida a pesar de que prometió que antes de terminar su mandato estaría disponible en farmacias. Ahora la puesta en práctica de la ley sufre las reticencias del gobierno de Vázquez, quien no disimula lo mal que le cae esta iniciativa de su antecesor que quedó inconclusa al igual que la regasificadora, el puerto de aguas profundas, el “tren de los pueblos libres”, etcétera.

Aunque en Alemania Váz-quez aventuró que a mediados de año empezaría a venderse, en Finlandia se despachó a gusto cuando declaró que “la marihuana produce daños” y que “la ley no se hizo para liberar y que todo el mundo fume marihuana y vamos todos para arriba”. Está claro que la ley de Mujica le disgusta y que seguirá postergándola, una actitud que llevó a un expresidente de la Junta de Drogas, muy frentista él, a denunciar -en alusión a Vázquez- a las “mentes rígidas” que aplazan su aplicación.

Una de las causas de esa postura presidencial es que la liberación del cannabis parece contradecir en los hechos la lucha emprendida contra el tabaco. Tanto es así que a los asistentes a una conferencia antitabaco de Vázquez en la Universidad de Helsinki se les aconsejó no consultar al disertante sobre la marihuana, un tema en debate entre los finlandeses. Así lo reveló en el periódico “la diaria” Telvo Teivainen, profesor de esa universidad, porque “para la campaña libre de humo de tabaco habría sido problemático que otro tipo de humo esté siendo parcialmente liberado en Uruguay”.

De todos modos, por más “rígido” que sea, Vázquez no puede evitar la consolidación de un ambiente permisivo en torno a esa droga. Es notorio un aumento de su consumo en público, una práctica que en nuestra legislación nunca estuvo penada (sí, en cambio, la producción y venta del producto). Además prosperan los tours en el Este presuntamente destinados a mostrar a los turistas las variedades de plantas en giras en donde se fuman cigarrillos de marihuana. En suma, aparte de la invocada utilidad de la legalización de la marihuana para contener el narcotráfico, es claro que el asunto quedó en una nebulosa propensa a facilitar los abusos. Es otro costo que Vázquez y el Uruguay pagan a cuenta de la popularidad internacional de Mujica.

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