Antonio Mercader
Antonio Mercader

Lo que Uruguay no debe olvidar

En el acto del martes pasado con motivo de cumplirse un siglo de la ley de 8 horas apenas se habló de Luis Alberto de Herrera. Estuvieron allí el presidente Vázquez, el vice Sendic y el ministro Murro. Estos dos últimos hablaron y alguno citó a Herrera, pero al pasar. Es una lástima porque hubiera sido oportuno recordar que ese dirigente nacionalista fue quien presentó -10 años antes de la aprobación de dicha ley- el primer proyecto en la materia. Lo hizo con otro diputado, Carlos Roxlo, ante una cámara que los ignoró. Pero fue el primero en ocuparse del tema.

Esa omisión confirmó que ningunear a Herrera se ha vuelto un hábito en nuestro país lo que es de lamentar pues no abundan en nuestro pasado figuras políticas de su magnitud. Y da la casualidad que esta actitud se reiteró en una fecha especial, tan especial que un país más atento a su historia jamás la hubiera ignorado. Es que ayer, 21 de noviembre, se cumplieron 75 años de la interpelación por la cual el herrerismo encab

En el acto del martes pasado con motivo de cumplirse un siglo de la ley de 8 horas apenas se habló de Luis Alberto de Herrera. Estuvieron allí el presidente Vázquez, el vice Sendic y el ministro Murro. Estos dos últimos hablaron y alguno citó a Herrera, pero al pasar. Es una lástima porque hubiera sido oportuno recordar que ese dirigente nacionalista fue quien presentó -10 años antes de la aprobación de dicha ley- el primer proyecto en la materia. Lo hizo con otro diputado, Carlos Roxlo, ante una cámara que los ignoró. Pero fue el primero en ocuparse del tema.

Esa omisión confirmó que ningunear a Herrera se ha vuelto un hábito en nuestro país lo que es de lamentar pues no abundan en nuestro pasado figuras políticas de su magnitud. Y da la casualidad que esta actitud se reiteró en una fecha especial, tan especial que un país más atento a su historia jamás la hubiera ignorado. Es que ayer, 21 de noviembre, se cumplieron 75 años de la interpelación por la cual el herrerismo encabezado por su líder detuvo la construcción de bases militares estadounidenses en Laguna del Sauce. Sí, bases yanquis como las que hubo y hay, la de Guantánamo en Cuba, por ejemplo.

El interpelado fue el canciller colorado Guani quien intentó justificar sus tratos secretos con militares yanquis para instalar bases en nuestro suelo con la excusa de que podrían servir -en aquel turbulento 1940 con la 2ª. Guerra Mundial en curso- para bloquear una eventual invasión nazi al Río de la Plata. Durante la interpelación Herrera afirmó la necesidad de mantener neutral a Uruguay en el conflicto bélico (neutralidad que toda América, incluido EE.UU., respetaba entonces). Erigir esas bases militares no sólo suponía tomar partido y exponerse a represalias de Alemania sino que además -y esta era la mayor preocupación de Herrera- constituían una provocación para Argentina.

En la interpelación Herrera le recordó a los legisladores oficialistas (gobernaba Alfredo Baldomir) que Argentina jamás aceptaría que militares yanquis controlaran desde Uruguay la boca del Plata, el río por donde discurría el 90% de su comercio exterior. Permitir que estadounidenses bloquearan el Plata a su antojo era inadmisible y casi una declaración de guerra para la armada argentina tal como habían advertido sus mandos con veladas amenazas a Uruguay.

La interpelación se hizo en aquel Senado conocido como el del “medio y medio” pues la mitad respondía a Baldomir y la otra mitad a Herrera. Lo notable del caso fue que la sesión terminó con una abrumadora votación contra Guani. Por 25 votos en 26 presentes el Senado declaró que no aprobaría “ningún acuerdo para crear en territorio uruguayo bases aéreas o navales que signifiquen mengua de la soberanía nacional”. La posibilidad de que oficiales norteamericanos manejaran esas bases resultó insoportable incluso para los senadores colorados que apoyaron la postura de Herrera.

Fue un éxito que le costó caro a Herrera quien fue acusado de pro-nazi, incluido en la “lista negra” de enemigos de EE.UU. y vilipendiado por la izquierda. Pero al fin la verdad resplandeció y muchos, incluidos sus adversarios, reconocieron como lo hizo Wilson Ferreira que “aquí no hay bases militares extranjeras porque él lo impidió”. Ese era Herrera les guste o no a quienes pretenden ignorarlo.

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