Antonio Mercader
Antonio Mercader

Los sirios del presidente

Publicitada a todo trapo por el gobierno, la venida de los sirios fue apoyada por casi tres cuartos de la población uruguaya según las encuestas. Se dijo que los 42 refugiados fueron elegidos “cuidadosamente” por funcionarios enviados de Montevideo. Eran musulmanes desplazados por la guerra que requerían la ayuda de un país su-damericano con tradición de brindar hospitalidad a los perseguidos del mundo. Su llegada fue un acontecimiento con presidente de la República y canciller incluidos.

Durante varios días no se habló de otra cosa. Las cámaras de TV y los flash de los fotógrafos acompañaron en cada instante a los recién llegados. Nadie se inmutó al ver mujeres con su cabeza y parte del rostro cubiertos por un velo, y tampoco cuando se trató de niñas que ingresaban a una escuela pública mostrando abiertamente su filiación religiosa. ¿Cómo mentar la laicidad ante gente tan desamparada que venía a abrirse camino en nuestra tierra?

¡Oh, la bondad del gobierno frenteamplis

Publicitada a todo trapo por el gobierno, la venida de los sirios fue apoyada por casi tres cuartos de la población uruguaya según las encuestas. Se dijo que los 42 refugiados fueron elegidos “cuidadosamente” por funcionarios enviados de Montevideo. Eran musulmanes desplazados por la guerra que requerían la ayuda de un país su-damericano con tradición de brindar hospitalidad a los perseguidos del mundo. Su llegada fue un acontecimiento con presidente de la República y canciller incluidos.

Durante varios días no se habló de otra cosa. Las cámaras de TV y los flash de los fotógrafos acompañaron en cada instante a los recién llegados. Nadie se inmutó al ver mujeres con su cabeza y parte del rostro cubiertos por un velo, y tampoco cuando se trató de niñas que ingresaban a una escuela pública mostrando abiertamente su filiación religiosa. ¿Cómo mentar la laicidad ante gente tan desamparada que venía a abrirse camino en nuestra tierra?

¡Oh, la bondad del gobierno frenteamplista, la fraternidad de la izquierda, su solidaridad con los necesitados! Solo la derecha egoísta era capaz de poner objeciones a tanto alarde de bondad inclusiva. Esos derechistas que osaron criticar el arribo de los seis presos de Guantánamo y que fueron fulminados por el propio presidente que los llamó “cobardes” y “alma podridas”. Solo a ellos se les podría ocurrir eso de invocar la laicidad o sugerir que quizás hubiera sido mejor traer a sirios cristianos en vez de islamitas. Esos sirios cristianos -hoy acosados, y hasta crucificados por los yihadistas- que también penan en los campamentos de desplazados.

Es probable que estos otros sirios se hubieran adaptado mejor a los hábitos del país, pero nadie lo advirtió. La máquina publicitaria del gobierno ahogó todo intento de crítica. Los sondeos de opinión probaron que el pueblo uruguayo aplaudía la iniciativa tal como había sido planeada y ejecutada -caramba: qué feliz coincidencia- a principios de octubre del año pasado, o sea en plena campaña electoral, unas semanas antes de la primera vuelta. Compasivo, humanitario, paternal, el presidente los saludó uno por uno mientras anunciaba a los periodistas que en el futuro vendrían más, muchos más sirios a poblar este país enfermo de estancamiento demográfico.

Pasadas las elecciones, los refugiados sirios vuelven a ser noticia. Mala noticia. Hay denuncias de violencia familiar. Los jefes de familia no respetan a las mujeres. Alguna, al parecer, intentó suicidarse. La burocracia oficial intenta desmentir, pero el presidente alza la voz esta vez: en Uruguay no aceptamos que les peguen a las mujeres aunque sean musulmanas. Esas son costumbres antiguas; eran las de nuestros antepasados; sí, nuestros antepasados las golpeaban dijo el presidente. Pero eso era antes en el Uruguay, ahora ya no. ¿Así que en esta tierra hospitalaria las abuelas uruguayas eran castigadas a vista y paciencia de todos? Qué sorpresa.

En fin, que el presidente se haya salido con la suya con esta historia de los refugiados, que su votación en octubre haya sido magnífica, que sin su campaña el Frente Amplio no hubiera obtenido mayoría parlamentaria, todo eso debe ser cierto y puedo aceptarlo con resignación. Lo que no estoy dispuesto a aceptar es que nos pongan los sirios por delante y nos sigan embaucando con este tema.

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