Antonio Mercader
Antonio Mercader

Sendic se queja de la prensa

Raúl Sendic fue hasta México a quejarse de la prensa uruguaya, “un poder fáctico que tenemos enfrente”, según dijo. Hablando en un foro de izquierda explicó que “allá en el Sur la prensa juega un papel más importante que la oposición de derecha”. En el mismo discurso también les advirtió a los presentes que un político “si es de izquierda no es corrupto y si es corrupto no es de izquierda”.

Raúl Sendic fue hasta México a quejarse de la prensa uruguaya, “un poder fáctico que tenemos enfrente”, según dijo. Hablando en un foro de izquierda explicó que “allá en el Sur la prensa juega un papel más importante que la oposición de derecha”. En el mismo discurso también les advirtió a los presentes que un político “si es de izquierda no es corrupto y si es corrupto no es de izquierda”.

Cuando Sendic lamenta que la prensa uruguaya critique al gobierno y exponga “los problemas y las dificultades” está confirmando que en Uruguay los medios cumplen con el deber que tienen en todo sistema democrático. Por poner un ejemplo: lo cumplen al brindar los detalles del despilfarro perpetrado por Sendic en Ancap. Informar y criticar lo que se hizo mal en el ente petrolero forma parte de su misión.

No abrigo esperanzas de que Sendic entienda este principio tan elemental. No puede entenderlo porque está claro que participa de una corriente de opinión según la cual la prensa debería existir principalmente para aplaudir los logros de la izquierda y disimular sus errores. ¿Acaso la izquierda no es la defensora de los pobres y los oprimidos, y por tanto todo lo que hace -incluso destrozar Ancap- está bien y merece el elogio?

Esa supuesta superioridad moral de la izquierda es la que sugiere Sendic en su discurso cuando dice “no creo que haya corrupción en la izquierda” como si los corruptos anidaran solo en el centro o la derecha. Ese sectarismo lo confunde cuando opina sobre la prensa porque un político que cree tener el monopolio de la verdad tarde o temprano querrá tener el monopolio de los medios de comunicación (al estilo del diario “Granma” de Cuba). Todo ello, por supuesto, en nombre de los pobres y los oprimidos.

Este tipo de opiniones tiene antecedentes en nuestro país desde que el Frente Amplio está en el gobierno y asoman gobernantes que buscan desacreditar a la prensa opositora adjudicándole objetivos políticos concretos o presentando a ciertos periodistas como integrantes de un complot antifrentista al estilo de aquel “eje del mal” -¿recuerdan?- que denunció años atrás una correligionaria de Sendic, la ministra María Julia Muñoz.

¿No fue esa la actitud del kirchnerismo ante la prensa no adicta en la última década? ¿O la del régimen chavista en Venezuela con el acoso a comunicadores de diarios y canales considerados opositores? Son dos ejemplos de gobiernos autoproclamados de izquierda que desnudan la estrategia de atormentar la relación entre el poder y la prensa. Una prensa a la que se le atribuye una intención política con el propósito de centrar la atención no en la noticia concreta o en la denuncia periodística -digamos por caso los malos manejos en Ancap- sino en las desavenencias entre el gobierno y ciertos medios.

Pegarle al mensajero cuando sus noticias disgustan es un recurso tan antiguo como la política. Y es más fácil pegarle cuando previamente se ha construido “el relato” de un gobierno atenazado por el “poder fáctico” de los medios que “marcan la agenda”. Eso es lo que desde México pretendió hacer el expresidente de Ancap en desmedro de la prensa y de su actual investidura de vicepresidente de (toda) la República.

No pasará.

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