Antonio Mercader
Antonio Mercader

Racismo y silencio 

Valientemente, Juan Martín Posadas en esta página de El País y Claudio Paolillo en Búsqueda denunciaron y protestaron por el caso del taxista Alberto Rosa ferozmente golpeado por una patota afín al Sindicato Único de Automóviles con Taxímetro y Telefonistas (Suatt). Su “delito” fue trabajar cuando ese sindicato había decretado un paro. Le rompieron el coche, le fracturaron un hueso de la cara y lo apalearon en plena calle. Después, Rosa y su familia sufrieron amenazas al tiempo que los testigos fueron amedrentados para que no identificaran a los patoteros. Hoy, mientras Rosa se repone de sus heridas ninguno de sus atacantes está preso o encausado. Y desde el Suatt dicen que no saben nada.

Valientemente, Juan Martín Posadas en esta página de El País y Claudio Paolillo en Búsqueda denunciaron y protestaron por el caso del taxista Alberto Rosa ferozmente golpeado por una patota afín al Sindicato Único de Automóviles con Taxímetro y Telefonistas (Suatt). Su “delito” fue trabajar cuando ese sindicato había decretado un paro. Le rompieron el coche, le fracturaron un hueso de la cara y lo apalearon en plena calle. Después, Rosa y su familia sufrieron amenazas al tiempo que los testigos fueron amedrentados para que no identificaran a los patoteros. Hoy, mientras Rosa se repone de sus heridas ninguno de sus atacantes está preso o encausado. Y desde el Suatt dicen que no saben nada.

Lo peor es que otros muchos tampoco parecen saber nada y miran para el costado como señaló Posadas en su momento. De ese silencio colectivo el que más impresiona es el de los representantes de la comunidad afrouruguaya. Una comunidad que integra “el negro Rosa” como lo motejaron sus agresores mientras le partían la cara. Pues bien, esa comunidad lo dejó solo en abierto contraste con lo hecho un par de años atrás cuando una joven afrouruguaya, Tania Ramírez, fue golpeada por dos mujeres que la insultaron, la llamaron “negra” despectivamente y le pegaron a la salida de un boliche en el Parque Rodó. Las dos pasaron meses en prisión.

Las asociaciones, las ONG y los grupos afrouruguayos que entonces pusieron el grito en el cielo y llegaron a cortar la avenida 18 de Julio y organizar marchas de protesta en defensa de Ramírez siguen calladas. Es como si Rosa, malherido y sin poder trabajar, no perteneciera a esa comunidad por más que su piel es tanto o más oscura que la de Ramírez y por más que su condición de “negro” fue resaltada de modo insultante por la patota. ¿En dónde quedó la lucha contra el racismo, la discriminación y la intolerancia? ¿Por qué callan en este caso? ¿Qué diferencia hay entre Ramírez y Rosa?

Ramírez es una funcionaria del ministerio de Desarrollo Social (Mides) cuya desgracia suscitó las condenas del Frente Amplio, Pit-Cnt, intendencia capitalina y ministerio de Educación y Cultura, entre otros. Rosa es un trabajador independiente no afiliado al sindicato y que ejerció su derecho a trabajar libremente. Ninguna de las instituciones nombradas se interesó por él. Ojalá me equivoque en esta suposición, pero todo indica que la política metió la nariz en el asunto.

Alguna vez escribí que el movimiento antirracista uruguaya tenía dos varas para medir actitudes. Una, para juzgar, por ejemplo, a Ignacio de Posadas cuando usó una conocida frase de cuño español (“merienda de negros”) y se le vinieron todos encima llamándolo racista. Y otra, por ejemplo, para valorar los dichos de José Mujica cuando al explicar un problema del agro dijo que su solución era tan clara que la podían entender “hasta los negros del África”. Ahí hubo silencio. O peor aún: una adalid de la causa afrouruguaya escribió en un diario que al “Pepe” se le toleraban esas cosas porque las decía con simpatía. Hipocresía pura.

Ser de izquierda o no, estar agremiado a un sindicato o no, deberían ser elementos intrascendentes a la hora de defender a las víctimas del racismo. Un cotejo entre los casos de Ramírez y Rosa prueba que no es así en nuestro país para vergüenza de muchos, en particular de las organizaciones afrouruguayas.

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