Antonio Mercader
Antonio Mercader

Murgas que danvergüenza ajena

En este año electoral la ideología de izquierda maniató muchas de las letras de las murgas. Los siempre politizados cuplés fueron en su mayoría muy tiernos con Tabaré Vázquez, hostiles —cuando no insultantes— para los partidos tradicionales y sospechosamente olvidadizos en temas quemantes para el Frente Amplio como el caso Pluna.

En este año electoral la ideología de izquierda maniató muchas de las letras de las murgas. Los siempre politizados cuplés fueron en su mayoría muy tiernos con Tabaré Vázquez, hostiles —cuando no insultantes— para los partidos tradicionales y sospechosamente olvidadizos en temas quemantes para el Frente Amplio como el caso Pluna.

Para empezar, lo de Pluna. Una historia que parece hecha ex profeso para murgueros —con el vodevil del remate de aviones e inolvidables personajes como “el caballero de la derecha” y otros comensales captados en la mesa de “Lindolfo”— se desperdició casi por completo. Apenas menciones aisladas como el nombre de Campiani lanzado al pasar y alguna alusión a “la joda de los aviones” se registraron en las letras de las 17 murgas presentadas este año.

Con honrosas excepciones como “Don Timoteo”, la murga ganadora en buena ley, otras que lograron los primeros puestos del concurso mostraron la hilacha política. Algunos lo hicieron sin tapujos y hasta de manera lastimosa como ocurrió con “A Contramano”, que llegó tercera. Al parecer, este conjunto criticó a Tabaré Vázquez el año pasado y ahora —da vergüenza ajena recordarlo— confiesa que “nos fuimos de boca”, le pide “disculpas” por “las burlas de antes” y le promete “te ayudaremos” a conseguir la que dan por segura “asunción presidencial”.

Otros, al menos tuvieron el prurito de matizar sus simpatías con algún reproche. Así lo hicieron los ungidos con el segundo premio, “Momolandia”, cantándole a Vázquez con las mieles de “Solamente vos” (cortina musical del teleteatro de Natalia Oreiro) y aconsejando votarlo porque “es mejor no arriesgar”. También deslizaron críticas porque en el Frente Amplio “un caudillo vale más que un ideal” y “las propuestas ya no cuentan”. Pero bien pensado esas no son críticas sino autocríticas lo que quizás es peor pues los murguistas asumen —sin disimulo— su condición de frenteamplistas traicionando así la tradición de independencia de aquellas bandas “orejanas” cuyas sátiras repartían palos para todos por igual.

En el carnaval uruguayo, en cambio, los palos suelen caer sólo sobre la oposición. Por ejemplo “Garufa”, que alcanzó el quinto lugar, afirma que “Tabaré vuelve y no tiene rival”, proclama que “los colorados son de terror” y asegura que “Gandini pasó a rosado”, en tanto cita de manera despectiva a “Cuqui chico” y a “Lacalle padre”. Por su parte, “A Contramano” embiste contra el Partido de la Concertación, se ríe de blancos y colorados “haciendo yunta” y se ensaña entre groserías con Larrañaga por su propuesta de apelar a militares para reforzar la seguridad pública.

Los “orejanos”, los que lanzaban dardos a diestra y siniestra como estila la chirigota gaditana, son ahora cosa del pasado. El verso de la “murga comprometida y compañera” caló hondo desde que la izquierda llegó al poder y terminó por copar esa típica expresión de nuestro carnaval. A no asombrarse entonces porque año tras año decrece el número de tablados y el público de los murgueros. Y a no dudar que una de las causas de esa merma es que pocos votantes blancos o colorados se arriesgan a pasar un mal rato bajo la lluvia de insultos que les prodigan desde el escenario.

“Que el letrista no se olvide” reza una conocida canción popular. Que no se olvide que esos votantes también merecen respeto. Son la otra mitad del Uruguay, o quizás más.

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