Antonio Mercader
Antonio Mercader

Mujica y el doble juego tupamaro

Tenían representantes en el Parlamento y juraban adhesión a los principios democráticos mientras seguían cometiendo crímenes. Con esa duplicidad imperdonable actuaron los tupamaros hasta fin de los años 90, según explica uno de sus antiguos jefes en un libro de la periodista María Urruzola.

Tenían representantes en el Parlamento y juraban adhesión a los principios democráticos mientras seguían cometiendo crímenes. Con esa duplicidad imperdonable actuaron los tupamaros hasta fin de los años 90, según explica uno de sus antiguos jefes en un libro de la periodista María Urruzola.

Así se confirma que una vez liberados y amnistiados a partir de 1985, los tupamaros no abandonaron las armas sino que las emplearon para “hacer finanzas a la antigua”, robando y rapiñando a beneficio del MLN, el grupo fundador del Movimiento de Participación Popular (MPP). Ese doble juego muestra que su renuncia a la lucha armada era una fachada pues algunos de ellos -no todos- volvieron a las andadas.

El tema fue discutido en el MLN en donde se enfrentaron los partidarios de regirse por las reglas democráticas y los que postulaban mantener “una llamita encendida” en torno a la lucha armada sin perder de vista “el horizonte insurreccional”. Lo importante es saber si entre estos últimos se encontraban quienes después ocuparon y ocupan cargos de gobierno. En particular interesa saber si en la década del 90 José Mujica figuraba entre los violentos pues entonces era parlamentario y como tal había prometido de manera pública y solemne respetar la Constitución.

Sobre la postura de Mujica hay distintas versiones en su mayoría procedentes de la interna tupamara. Al igual que en el libro de Urruzola, son ex-compañeros de Mujica quienes sugieren que el futuro presidente no era de los más proclives a enterrar el hacha de guerra. Sostienen que apoyó la idea de recaudar dinero a punta de pistola para engrosar las finanzas de su grupo. Ahora que hay una fiscal encargada de averiguar si fue así, convendría que se esforzara en aclarar la actitud de Mujica porque el susodicho, al convertirse en legislador, prometió respetar la Constitución y no violarla (en lo que vendría a ser una suerte de acto de perjurio).

Para aportar algo a la indagación del Ministerio Público propongo que se investiguen las acciones de Mujica en agosto de 1994 cuando la asonada del Filtro. Allí, como es sabido, el entonces candidato a diputado fue el abanderado de tres etarras internados en el hospital Filtro cuya extradición reclamaba el Gobierno español. El MLN hizo causa común con aquellos tres activistas que luego serían juzgados en España y condenados por varios asesinatos.

Mujica fue uno de los líderes de aquel tumulto en donde se quiso impedir por la fuerza el cumplimiento de la orden de extradición. Primero desde la radio de los tupamaros y después desde el lugar de los hechos, exhortó a resistir la decisión judicial en medio de una batahola entre policías y manifestantes. El general Líber Seregni, presidente del Frente Amplio que estuvo allí poco antes de los incidentes, declaró a la prensa su preocupación porque en torno al Filtro había visto a “civiles armados”. Años después un ex jefe tupamaro, Jorge Zabalza, reconoció que etarras y tupamaros participaron juntos en esa refriega en donde hubo que lamentar la muerte de un manifestante. Allí quedó expuesta la hermandad entre el MLN y la ETA.

Ese episodio, investigado entonces por la Justicia, puede ser un buen punto de partida para la indagatoria de la fiscal sobre las andanzas del dirigente del MLN, José Mujica, que tres meses después de la asonada del Filtro sería electo diputado. Un cargo obtenido a través de las urnas y no de las armas que tanto les costaba abandonar.

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