Antonio Mercader
Antonio Mercader

Mirando al vecindario

La izquierda populista dominante en esta región en la última década sufrió otro revés con la buena votación de Mauricio Macri en Argentina y el triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. Junto al retroceso del kirchnerismo, los estertores de la dupla Lula-Dilma en Brasil y la decadente imagen de Michelle Bachelet en Chile confirman que la era dorada del “progresismo”se termina por estas latitudes.

La izquierda populista dominante en esta región en la última década sufrió otro revés con la buena votación de Mauricio Macri en Argentina y el triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. Junto al retroceso del kirchnerismo, los estertores de la dupla Lula-Dilma en Brasil y la decadente imagen de Michelle Bachelet en Chile confirman que la era dorada del “progresismo”se termina por estas latitudes.

No es casual que la crisis política venga anexa al final de la bonanza económica que encaramó en el poder a dirigentes sin grandes virtudes, pero dispuestos a repartir una riqueza que les llegó de golpe, sin que ellos tuvieran arte ni parte en su gestación. Buena para distribuir y mala para producir, esta izquierda pagada de si misma, empezó a patinar apenas se sintieron los primeros efectos de la crisis. Por aquello de que cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas a remojar, convendría que el gobierno uruguayo tomara nota de lo que pasa a su alrededor para evitar males mayores. Para empezar, menos egolatría y más apertura hacia los demás grupos políticos serían convenientes. Así, Tabaré Vázquez y los suyos podrían atender mejor a los retos de la coyuntura económica y oír a quienes claman por soluciones para dos rubros en caída libre como la educación y la seguridad pública.

En la educación es inaceptable que la ministra María Julia Muñoz diga que no hay crisis y que el caqique del Codicen de la Anep, Wilson Neto, repita impunemente que los problemas de la enseñanza son solo una ficción creada por la prensa. Si no se empieza por admitir que las cosas andan mal y que 2015 fue un año perdido para la educación es imposible que prospere todo intento de recuperación. Del mismo modo, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, debería revisar su línea de trabajo y preguntarse por qué con más recursos y más agentes apenas se percibe la presencia policial en la calle, elemento disuasivo del delito en todas partes del mundo. Lo de aumentar las cámaras de video está bien, pero sólo la mayor presencia policial -y más eficacia en las pesquisas- podrán reducir las tasas delictivas, en especial las rapiñas que Vázquez prometió bajar en un 30%, lo que está lejos de ocurrir.

Y en la economía, mucha atención a lo que suceda con nuestros vecinos. La historia reciente enseña que es imposible desacoplarse de ellos, en particular en lo referente al valor de la moneda. En esta materia, de confirmarse el triunfo de Macri, hay que esperar movimientos bruscos en Argentina y actuar en consecuencia. No se puede seguir inflando la deuda pública para mantener el peso a un nivel que nos impida competir en el mundo.

Un mundo que se agrupa en bloques de países dispuestos a comerciar más y mejor entre ellos. Por eso, convendría que al error de salir de las conversaciones del Tisa no se le sume ahora el repudio a todo trato con el acuerdo transpacífico, una actitud que vienen sugiriendo los grupos radicales de Frente Amplio encabezados, faltaba más, por el MPP de José Mujica.

Como sus hermanas regionales, la izquierda uruguaya está en la encrucijada. De su prudencia y sensatez dependen las chances de capear la crisis. Porque aunque el gobierno no quiera reconocerlo, hacia la crisis vamos si es que ya no estamos inmersos.

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