Antonio Mercader
Antonio Mercader

Metiendo la nariz donde no se debe

De no haber sido por el prestigioso diario israelí “Haaretz” seguiríamos en ayunas sobre el caso del diplomático iraní que se fue del Uruguay antes que lo expulsaran.

De no haber sido por el prestigioso diario israelí “Haaretz” seguiríamos en ayunas sobre el caso del diplomático iraní que se fue del Uruguay antes que lo expulsaran.

La noticia tuvo que llegar de Tel Aviv para que aquí conociéramos una trama de espías, falsas bombas y amenazas de terrorismo yihadista desarrollada en un Montevideo que hasta ahora ignoraba lo que es vivir las tensiones entre Israel y sus enemigos.
Una vez que saltó la noticia nuestro locuaz presidente se quedó mudo en tanto su canciller cargó contra el periodismo -habló de “prensa soufflé”- aunque de poco le sirvió.

Después quedó claro que la noticia no estaba inflada como un soufflé de queso y que ese diplomático iraní estaba sospechosamente cerca de la embajada de Israel cuando se dio la alarma de un atentado. Una “casualidad” que disgustó al gobierno uruguayo que de alguna forma hizo presión para que el ubicuo diplomático se fuera. En tanto, en Teherán se enojaron y nos acusaron de “iranofobia”(¡!).

Se es solo uno de los disgustos que el saliente gobierno de Mujica tiene en estos días y que son el fruto de meter las narices en torno a temas del islam sin medir consecuencias. Tanto las metió que hoy se topa con varios frentes abiertos aparte del escándalo del diplomático iraní. Por un lado hay problemas con los ex -presos de Guantánamo; por otro, vista la situación de los refugiados de Siria está en duda si traerán más gente de ese país; y por si fuera poco descubren a sirios recalando en Uruguay con pasaportes falsos.

La constante en todos los casos es la de un gobierno uruguayo que improvisa en asuntos cruciales. Para empezar debería saber que con Irán, un país que ampara a terroristas (el atentado contra la Amia en Buenos Aires alcanza como botón de muestra) no se juega. Sin embargo, el gobierno de Mujica, a instancias de una cancillería despistada (por decir lo menos), fomentó un nexo político con los iraníes que tiene costos que no compensan los magros 5 millones de dólares que Irán paga anualmente por nuestras exportaciones.

Para seguir, otro lío importado por el presidente: el de los presos de Guantánamo que también nos dan cada vez más dolores de cabeza. Se llevan mal entre ellos, no se interesan en aprender el idioma ni en ponerse a trabajar y para colmo hay uno que se marchó a Buenos Aires a predicar entre los medios de izquierda que “la lucha” debe continuar. ¿No había dicho la embajadora Julissa Reynoso que venían en son de paz y comprometidos a no hacer política?

De los refugiados sirios hasta los promotores de su venida están hartos. Las denuncias de violencia doméstica -primero negadas, luego admitidas, finalmente vueltas a negar- rebajaron su imagen y las ganas de continuar trayendo musulmanes de los campamentos de refugiados en Siria. Además, no se adaptan al medio y se sienten extraños en un ambiente indiferente ante el islam. Esa es una de las herencias pesadas que Mujica le trasladará a Tabaré Vázquez junto con la banda presidencial. Desde ya parece difícil que la dupla Vázquez-Nin Novoa sea tan incauta como sus predecesores, sobre todo cuando como por arte de magia pasan por aquí oleadas de sirios con documentos fraudulentos, nadie sabe muy bien porqué.

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