Antonio Mercader
Antonio Mercader

López, Read y la crisis del Pit-Cnt

Al abandonar la dirección del Pit-Cnt, Richard Read dijo que ciertas decisiones de la central sindical -como haber mantenido en su cargo a Joselo López- suscitan un “descreimiento” sobre la eficacia de su gestión.

Al abandonar la dirección del Pit-Cnt, Richard Read dijo que ciertas decisiones de la central sindical -como haber mantenido en su cargo a Joselo López- suscitan un “descreimiento” sobre la eficacia de su gestión.

Esta opinión de una figura procedente del corazón del sindicalismo coincide con una encuesta de Cifra según la cual la mitad de la población desaprueba las acciones del Pit-Cnt en tanto las aprueba apenas uno de cada cuatro uruguayos.

Aun admitiendo que los sondeos de opinión pueden tener errores, cabe agregar los resultados de otra encuesta, en este caso de Equipos, sobre el paro general del pasado 6 de agosto. De allí surge que sólo el 17% de los trabajadores adhirió al paro de manera voluntaria, que el 50% trabajó normalmente y que un 27% hubiera querido hacerlo pero no pudo por la falta de transporte. Añade además que el 75% de los trabajadores no adhiere a ningún sindicato.

Los dirigentes del Pit-Cnt que tan sueltos de cuerpo invocan la representación de la “clase trabajadora” deberían atender a estos datos que exponen la crisis actual de la central sindical contrastante con su gravitación en los asuntos públicos. Una gravitación evidenciada en la actitud de dirigentes que embisten contra los empresarios, tratan de torcerle la mano al gobierno y pontifican sobre los temas nacionales como si estuvieran legitimados por el voto popular y representaran a la gran mayoría de los ciudadanos. Tan convencidos están de su poder que traspasan barreras otrora respetadas por el movimiento sindical.

Por citar un caso candente, se atrevieron a sostener como vicepresidente del Pit-Cnt al hoy renunciante Joselo López, pese a que quedó descalificado por la difusión de un video que lo mostró solidario ante agresiones a menores infractores. Otro caso es el silencio que guardan frente a episodios de violencia sindical como la bárbara agresión al taxista que trabajó en un día de paro o las presiones efectuadas en UTE para sabotear la formación de un nuevo gremio.

Ese estilo prepotente fue tolerado -y fomentado con leyes, decretos y resoluciones- por dos gobiernos del Frente Amplio en nombre de la fraternidad de la izquierda. Una fraternidad que el Pit-Cnt paga con posturas políticas como la asumida el año pasado cuando tituló el Plan de Acción 2014 con el lema “Ni un voto de los trabajadores para la derecha y la reacción neoliberal” sin ocultar su apoyo a la fórmula Vázquez-Sendic. Y además está la constante reconversión de sindicalistas en políticos como lo prueba que 10 de los 13 miembros del secretariado ejecutivo figuraron en listas del FA el año pasado. Una doble condición que deshonra tradiciones del sindicalismo uruguayo, según las cuales el ejercicio de tareas políticas implicaba la renuncia a la labor gremial. Pero eso era antes.

Ahora, la politización del Pit-Cnt divide a la “clase trabajadora”, en la cual los votantes de los partidos Blanco, Colorado o Independiente suelen sentirse acorralados por una dirección sindical alineada a la izquierda y acostumbrada a tratarlos como apestados. Y por si fuera poco, las tensiones internas del FA se reflejan en la central, un peligro sobre el cual prevenían los viejos sindicalistas.

Con este panorama y considerando el “descreimiento” denunciado por Read cabe preguntarse a quién representa realmente este Pit-Cnt.

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