Antonio Mercader
Antonio Mercader

La esencialidad no es lo esencial

Aunque era previsible el choque entre gobierno y sindicatos en torno a la elaboración del Presupuesto, pocos pensaron que sería tan frontal. Tres declaraciones de esencialidad decretadas sucesivamente en Meteorología, el INAU y la Enseñanza, revelaron la intención del Poder Ejecutivo de dar una señal de fuerza y frenar de alguna manera al avasallante poder sindical.

Aunque era previsible el choque entre gobierno y sindicatos en torno a la elaboración del Presupuesto, pocos pensaron que sería tan frontal. Tres declaraciones de esencialidad decretadas sucesivamente en Meteorología, el INAU y la Enseñanza, revelaron la intención del Poder Ejecutivo de dar una señal de fuerza y frenar de alguna manera al avasallante poder sindical.

Un poder que el Frente Amplio gobernante -y en particular Tabaré Vázquez en su primer mandato- alimentó con normas tales como la ley de fueros sindicales, vía libre a las ocupaciones, consejos de salarios por rama y responsabilidad penal de los patronos, todo ello con un Ministerio de Trabajo siempre volcado hacia el lado de los gremios. No bromeaban quienes catalogaron al gobierno del Frente Amplio como “cívico-sindical”.
Ahora es Vázquez, de regreso al poder, quien aplica el freno a los sindicatos como si buscara desarmar la máquina que él mismo contribuyó a montar. Lo hace porque no tiene más remedio, apretado como está por una situación económica distinta de la que encontró diez años atrás cuando aquella bonanza sin par le posibilitaba ser generoso y bien amado.

Llegó el tiempo de poner cara fea y decir que no. También el de aguantar abucheos e insultos como los que sufrieron en los últimos días los dos integrantes de la fórmula ganadora de las últimas elecciones. Vázquez y Sendic, creyeron que -como pasaba antes- la sonrisa, el ademán paternal y las palabras comprensivas serían bien recibidos. No fue así y ambos quedaron en shock.

Ahora comienza para la izquierda el duro aprendizaje de gobernar con recursos escasos, como fue casi siempre la constante en la historia nacional. El problema es que la década de bonanza excepcional coincidió con la llegada del Frente Amplio al gobierno y los malacostumbró a actuar como benefactores, a la solución facilonga y al aplauso de la gente. Pero estaba escrito que algún día las tornas cambiarían. Así, enfrentados a la realidad de cuatro años difíciles por venir, Vázquez y los suyos chocan con los sindicatos aunque eso les cueste el afecto de viejos compañeros y de consecuentes votantes. Parten con la ventaja de que en las escaramuzas iniciales con los gremios del INAU y de la Enseñanza la opinión pública se puso de su lado. Es claro que los “brazos gordos” que maltratan a los menores y los docentes que abandonan a sus alumnos no suelen ser populares en ninguna parte. La interrogante es qué pasará de aquí en adelante. Los gremios de la Enseñanza insisten falsamente en que su suerte se juega antes del 31 de agosto, la fecha de presentación del Presupuesto al Parlamento. Sin embargo, todos saben que la lucha continuará mientras en el Palacio Legislativo discutan y propongan cambios al proyecto del Ejecutivo, un tironeo que se extenderá hasta las cercanías de fin de año.

Así pues, la batalla del Presupuesto recién empieza. Otros gremios de funcionarios públicos que presionarán a su turno lo harán bajo la amenaza de que sus servicios sean también declarados esenciales. Pero lo realmente esencial -y como fue dicho: invisible a los ojos- no es esa declaración de la que tanto se habla en estos días. Lo esencial es la pulseada por el poder entre los sindicatos que reclaman y un gobierno que no tiene derecho a ceder.

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