Antonio Mercader
Antonio Mercader

La Cumparsita, una marca uruguaya

-La Cumparsita es un tango argentino.

-No, se equivoca, es uruguayo.

-Pero la letra es del argentino Pascual Contursi.

-Entonces toquen la letra...

-La Cumparsita es un tango argentino.

-No, se equivoca, es uruguayo.

-Pero la letra es del argentino Pascual Contursi.

-Entonces toquen la letra...

Este diálogo inolvidable, emitido en julio de 1992 por radio Sevilla, lo recuerdo en estos días en que se cumple un siglo exacto del estreno de La Cumparsita, el himno de los tangos compuesto por Gerardo Matos Rodríguez. Es una historia que conté muchas veces, pero que hoy repito para unirme a los homenajes a la memoria de Matos.

En la radio, frente a mí estaba un representante del pabellón argentino en la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Tanto insistía con la paternidad argentina de La Cumparsita que le contesté con esa frase: “Entonces toquen la letra”. El periodista que pactó el debate y la audiencia saltaron al oírla. Fue un éxito. En los días siguientes la radio se cansó de irradiar el tango con ese tramo de la discusión.

Como “comisario” del pabellón uruguayo en la Expo Sevilla elegí La Cumparsita como leitmotiv musical y como tema del audiovisual que allí se proyectaba presentando a nuestro país. Del pabellón argentino surgió una queja que llegó a la prensa y que provocó que la radio más popular de la capital andaluza organizara la polémica. Cuando mi contendor insistió con Contursi le repliqué con la frase que Matos usa- ba cuando le cuestionaban la autoría de La Cumparsita.

Huelga decir que esa frase lapidó a mi contrincante.

Es verdad que siempre hubo tironeos con Argentina por la autoría de ese tango cuyos acordes iniciales son más propios de una marcha. Aquel pleito entre los dos pabellones rioplatenses en Sevilla fue otro de esos choques que se saldó semanas después cuando en el propio pabellón argentino una pareja bailó el “gran tango uruguayo La Cumparsita” según se anunció por los parlantes. En ese momento, aquella discusión enardeció a decenas de compatriotas que me enviaron mensajes de solidaridad, documentos sobre el origen de La Cumparsita y hasta discos de vinilo con antiguas interpretaciones de ese tango.

Fue como si las dudas de los argentinos sobre la creación de Matos hubieran tocado un punto sensible para nuestra gente. La misma sensibilidad se reiteró en el año 2000, en las Olimpíadas de Sydney, cuando la delegación argentina marchó en el desfile inaugural al son de La Cumparsita, lo que levantó protestas en Uruguay

Una ley propuesta por el diputado Jaime Trobo en 1998 la declaró “himno popular y cultural del Uruguay”, pero no incluyó la letra de Contursi, causante de las confusiones. De todos modos es justo reconocer que esa letra (“Si supieras que aún dentro de mi alma...) y su lanzamien- to en Buenos Aires, si bien no alcanzaron para nacionalizar- la argentina, consolidaron su fama.

Tanta fama que hay más de un millar de versiones grabadas del tango más conocido y difundido en el mundo que fue bailado por parejas estelares del cine como Fred Astaire y Ginger Rogers, incluida en una de las películas de Harry Potter, usada como marcha nupcial en Turquía y colocada por Orson Welles en la banda sonora de su célebre emisión radial sobre la falsa invasión de los extraterrestres a Estados Unidos.

Un siglo después, ¡salud Cumparsita!, producto cultural uruguayo por antonomasia.

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