Antonio Mercader
Antonio Mercader

El “complot” contra Sendic

Los amigos de Raúl Sendic dicen que hay un complot político contra él y que se lo persigue injustamente. Empero, desde hace tiempo Sendic está en el ojo de la tormenta por su propia culpa.

Los amigos de Raúl Sendic dicen que hay un complot político contra él y que se lo persigue injustamente. Empero, desde hace tiempo Sendic está en el ojo de la tormenta por su propia culpa. 

Su gestión al frente de Ancap, denunciada ante la justicia por los partidos de oposición, la critican hasta sus compañeros frentistas e incluso alguno de ellos habla de “inmoralidades”. Su legendario título de licenciado no aparece. Y ahora le robaron su casa de veraneo en Rocha la que, según dicen, no incluyó en su declaración de bienes.

Entre lo más reciente está su safari a Zambia con una delegación parlamentaria, excesiva por donde se la mire y con gastos exagerados cuando el país se aprieta el cinturón y llora las pérdidas causadas por los trastornos climáticos. Quien tenga un mínimo de sensibilidad política sabe que en tales circunstancias son los de arriba quienes deben dar ejemplo. Más aun en el caso del vicepresidente cuya actuación está bajo la lupa por sus propias acciones, no por las de otros.

Veamos lo de Zambia. Sendic trató de justificar ese viaje a la asamblea de la Unión Interparlamentaria que calentó a la opinión pública. Lo hizo con el estilo nebuloso de aquella memorable conferencia de prensa en donde dijo que tenía -¿o que no tenía?- el título de licenciado, medalla de oro incluida. En su afán de explicar su estadía en Zambia -¿un día, tres días, cinco días?- mezcló otros viajes y alegó que los hacía para conseguir “mayores mercados a través de los contactos comerciales”. ¿Contactos comerciales en reunión de parlamentarios? Esa no se la cree nadie.

Su problema es justamente que perdió credibilidad. La empezó a perder cuando usó una serie de argumentos distintos -algunos de ellos contradictorios- para defender su labor en Ancap: desde los cambios en la cotización del dólar o la financiación del subsidio al boleto, hasta la ridícula alusión a la suba de salarios de los pisteros. Uno a uno se los fueron demoliendo sin recibir de Sendic una réplica convincente.

Algo parecido le había pasado en la campaña para las elecciones internas cuando su lista 711 fue acusada de “comprar” al candidato Andrés Lima, hoy intendente de Salto, para llevarlo a sus filas. Esa incriminación provino del grupo de Astori, su compañero del FA. Cualquier político inculpado de usar la billetera para reclutar adhesiones hubiera reaccionado frontalmente aclarando las cosas. Sendic no.

Tampoco reaccionó, recordemos, cuando el presidente venezolano Nicolás Maduro lo trató de “cobarde” sin que pasara nada, ni siquiera una protesta diplomática por tímida que fuera. ¿Qué hizo el vicepresidente Sendic para merecer tal insulto? Sugerir que no había pruebas de que los Estados Unidos atentaran contra el gobierno bolivariano. Eso encendió la ira de Don Maduro con quien Sendic parece estar ahora en buenos términos.

En fin, los amigos de Raúl Sendic prefieren ignorar estos errores y sostener que hay un complot político o una diabólica conspiración para devaluar su imagen ante la opinión pública. Se equivocan.

Para hacer esa tarea Sendic se las arregla solo. 

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