Antonio Mercader
Antonio Mercader

Un “Brexit” con carne uruguaya

LONDRES.- Contra los augurios de catástrofe, dos meses después del “Brexit” esta ciudad de rutilantes parques y palacios luce animada por oleadas de turistas, un fin de verano benigno, cierta euforia nacionalista por el récord de medallas olímpicas cosechadas en Rio Janeiro y datos de la economía mejores que los previstos.

LONDRES.- Contra los augurios de catástrofe, dos meses después del “Brexit” esta ciudad de rutilantes parques y palacios luce animada por oleadas de turistas, un fin de verano benigno, cierta euforia nacionalista por el récord de medallas olímpicas cosechadas en Rio Janeiro y datos de la economía mejores que los previstos.

Aun así, los londinenses, en su mayoría propensos a seguir en la Unión Europea, expresan en los pubs -vaso de cerveza en mano- su decepción por el voto antieuropeo, y aunque algunos piden otro referéndum la decisión del “Brexit” parece inamovible.

En un ambiente de vuelta de las vacaciones, el gobierno británico se tomará su tiempo -quizás hasta el 2019- para acordar su estatus final con el continente. La nueva primer ministro, Theresa May (que no pinta como otra Thatcher) organiza con flema británica los equipos que conducirán el despegue del Reino Unido de sus 27 socios europeos. Nadie concibe un divorcio total sino posturas intermedias con grados de asociación tipo Noruega o Suiza que no integran la Unión, pero que tienen acuerdos particulares en el plano económico y en otros.

En tanto, los pronósticos de recesión con caída del consumo y la inversión no se atisban ni hay signos de estampida en el sector financiero de la City. Además, en julio y agosto el comercio registró un aumento en las ventas atribuible en parte al turismo masivo alentado por la devaluación de la libra (¡hay que ver la invasión de jeques árabes y sus velados séquitos en tiendas de precios imposibles como Harrods!). Tampoco hay datos de mayor desempleo aunque se nota una baja en la construcción en una de las ciudades más caras del mundo en materia de vivienda.

En esta capital multiétnica tachonada de fabulosos museos de entrada gratuita que hoy recuerda los 400 años de la muerte de William Shakespeare y que sigue robándole protagonismo cultural a París y otras urbes europeas, América Latina figura poco quizás con la excepción de Brasil puesto de moda por la publicidad en torno a los Juegos Olímpicos y al impeachment de Dilma. En los medios también se halla alguna mención a Argentina y al mejor conceptuado gobierno de Macri.

De Uruguay nada, con excepción de la clásica pregunta que todo funcionario del Foreign Office se siente obligado a hacerle al visitante uruguayo sobre la posición de nuestro gobierno respecto al pleito de las Malvinas. Parece ser lo único que les importa de nosotros. Fuera de eso y de algún recuadro de prensa por los goles de Christian Stuani y “La Joya” Hernández en la Premier League, prácticamente no existimos.

Pese a ello, el autor de esta nota pudo regocijarse durante un paseo por el popular barrio de Shoreditch, al noreste de la ciudad, en una plaza de comidas, el Pump Street Market. Allí se topó con la bandera argentina en el mostrador de un local llamado “Los Pibes” que ofrecía “la mejor carne del planeta”, capaz de matizar las monótonas dosis de “cakes” y los típicos “fish and chips” locales. Entonces, mientras engullía un sabroso churrasco vio pasar a un camarero portando una pesada caja que lucía impresa una banderita uruguaya encima del rótulo “Carne de Uruguay”. Gran satisfacción.

Con “Brexit” o sin él allí estamos.

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