Antonio Mercader
Antonio Mercader

El alipori presidencial

De tanto en tanto Tabaré Vázquez adopta un tono entre agresivo y sarcástico que no le sienta bien ni a él ni a los ciudadanos de un país al que no le gusta la arrogancia. Lo hizo el lunes en San Luis en el marco de un Consejo de Ministros en donde predominó el “tout va très bien” y el autobombo por supuestos logros en materia de seguridad.

De tanto en tanto Tabaré Vázquez adopta un tono entre agresivo y sarcástico que no le sienta bien ni a él ni a los ciudadanos de un país al que no le gusta la arrogancia. Lo hizo el lunes en San Luis en el marco de un Consejo de Ministros en donde predominó el “tout va très bien” y el autobombo por supuestos logros en materia de seguridad.

Lo peor que hizo Vázquez fue reprocharle al presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Chediak, sus inquietudes por la inseguridad de Montevideo. “Montevideo tiene una situación preocupante”, había advertido Chediak, y eso molestó a Váz-quez que, sin nombrarlo, le salió al cruce. Fue otro dardo disparado contra la cabeza de un Poder Judicial que ya viene cascoteado por el gobierno en materia presupuestal. Un poder que es tan poder como el Ejecutivo y al que Vázquez debería respetar como tal.

Aparte de eso, Chediak tiene razón. Basta ver la ciu- dad enrejada, surcada por el ulular de las alarmas y saturada de servicios privados de seguridad para confirmar que es así.

De nada sirven las comparaciones -que en apoyo de Vázquez hizo el ministro Eduardo Bonomi- de las tasas de homicidios de Montevideo con sitios tan exóticos como Bahía o Acapulco. ¿Qué tienen que ver?

Si quiere ejemplos foráneos aquí cerca está la ciudad de Buenos Aires (no la provincia), con 95 homicidios en 2016 para casi 3 millones de habitantes. Más lejos la comunidad de Madrid, con 38 homicidios y 6 millones y medio de habitantes. O Los Ángeles, 294 homicidios y 4 millones de habitantes. Frente a ellas, Montevideo, con 1 millón 300.000 habitantes, registró el año pasado 265 homicidios. Preocupante.

¿Esas cifras dan para sentirse orgullosos y para criticar al presidente de la Corte? No.

Entonces, uno se pregunta por qué tanta arrogancia y esta tendencia a descalificar a los demás.

Entre los intentos de explicar tal actitud de Vázquez y compañía me quedo con la de Darío Pérez, ese frentista oficialista -y rebelde- de Maldonado que hoy libra un sangriento duelo verbal con un camarada frentista. Según Darío Pérez -probablemente el legislador oficialista que más años lleva en su banca- el problema del Frente Amplio y quienes lo conducen es que después de tanto gobernar con mayoría parlamentaria se habituaron a “atropellar” sin entender que “la gente está caliente con nosotros”.

Bien dicho. Vázquez habla de “gobierno de cercanía”, pero cierra los ojos a la realidad.

A pocos metros del sitio donde se reunió el presidente con sus ministros, un comerciante local pintó un cartel avisando que lo habían asaltado horas antes. Ni Vázquez ni Bonomi parecieron darse por enterados. Como dice su correligionario Darío Pérez, hay “angustia y calentura porque el gobierno no ve los problemas”. Es la ceguera del poder.

A Vázquez no debieron gustarle estas críticas de Darío Pérez ni el fragor de su pelea con Óscar de los Santos. También a ellos les mandó un mensaje punzante desde San Luis al decirles que su enfrentamiento le daba “vergüenza ajena”, una sensación que según la Real Academia se llama alipori. Bueno, para que Vázquez lo entienda, es la misma sensación que todos tenemos cuando nos quiere vender éxitos del gobierno que no son tales.

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