Anibal Durán
Anibal Durán

El ego en el ropero

Que mala pasada nos juega el ego cuando creemos que somos los dueños de la verdad. Esa sensación de orgullo, la necesidad de sobresalir, el aparente fortalecimiento del saber en virtud del “más” y la mengua en virtud del “menos”, no es algo bueno ni malo: es el ego. Y el ego no es malo: sencillamente es inconsciente.

Que mala pasada nos juega el ego cuando creemos que somos los dueños de la verdad. Esa sensación de orgullo, la necesidad de sobresalir, el aparente fortalecimiento del saber en virtud del “más” y la mengua en virtud del “menos”, no es algo bueno ni malo: es el ego. Y el ego no es malo: sencillamente es inconsciente.

El Dr Tabaré Vázquez supo decir que el único proyecto viable para el país es el de su colectividad política; ignoro si mantiene dicha afirmación. La misma no solo denota soberbia sino menosprecio por los adversarios políticos que como él, también quieren gobernar para que la gente viva mejor. Sentir que tenemos la razón mientras que los demás están equivocados, es uno de los principales patrones egotistas de la mente.
Es el hábito compulsivo de hallar fallas en los demás y de quejarse de ellos. Aplicar rótulos mentales negativos a los otros, suele ser un componente fundamental del ego. Y aquí el sayo es repartido. Utilizar adjetivos ultrajantes es la forma más cruda de esos rótulos y de la necesidad del ego de tener la razón y triunfar sobre los demás.

El exministro Lorenzo por quien siento marcado respeto, lucía jubiloso a la salida del Juzgado una vez procesado y se dispuso a caminar por 18 de julio rumbo a su domicilio recibiendo los vítores de adherentes que le salían al paso. Pucha Lorenzo, ¿Ud no se equivocó…?

A salvo quedan su solvencia técnica, su buena fe y su hombría de bien: ni un ápice de duda…pero de allí a exponerse como lo hizo, media un trecho. Tenía que haberse llamado a recato…pero su ego ganó la partida …Claro está, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra…
Falta un amplísimo sentido de autocrítica, una buena dosis de humildad, un espíritu de respeto hacia el otro, hacia el que piensa distinto.

Me proyecto hacia atrás y recuerdo todas las leyes laborales que se dictaron en el gobierno de Vázquez; recuerdo también la ley de negociación colectiva y desemboco en la ley de responsabilidad penal del empresario. La sensación que dominó antes y ahora, fue y es que la parte empresarial si buen fue llamada a dialogar, no fue tenida en cuenta respecto a sus aportes. Simplemente fue una puesta en escena para la opinión pública que se sabía iba a desembocar en la prevalencia de una sola opinión. Con la reciente ley de responsabilidad penal del empresario fue palmario. Incluso legisladores oficialistas estaban discrepantes con el proyecto. Pero las camisas rojas del Sunca amilanaron a propios y a extraños y el proyecto fue ley. ¿El Sunca perseguía la verdad ? No, porque la verdad no necesita defensa. Satisfacieron su ego, se inflamaron el pecho, no escucharon a nadie…y ahora existe la posibilidad de la inconstitucionalidad de la ley.

Creo que el tan manido ego es una razón determinante en el espíritu mezquino que prima en el relacionamiento entre empresarios y obreros e incluso entre empresarios con el gobierno. Existe como una suerte de preconcepto lesivo de ambas partes recíprocamente, que refleja que se conversa pero no se escucha, se dialoga pero no hay entendimiento. Al final se pierde el tiempo en forma miserable, realizando una puesta en acción de algo que se sabe naufragará.

¿Cómo hablar de convivencia donde no se respeta la verdad ?
Subjetivamente todos tenemos nuestra verdad. Pero me refiero a la verdad objetiva, a la que es igual para todos, a la que rebosa del suceso. Es precisamente esta verdad, palpable y comprobable, que muchas veces es adulterada por la pasión y negada por la parcialidad.
Tenemos que escucharnos con respeto por encima de ideologías, de adhesiones partidarias, de preconceptos tontos. Escucho y respeto a mi interlocutor; estaré o no de acuerdo con él, pero no lo descalificaré a priori, no lo sentenciaré de antemano porque no es de los míos…
El respeto es por encima de todo una noción moral. Si el mismo no existe, no habrá sustancia en las conclusiones, no habrá fecundidad en el diálogo, ni me hablen de políticas de estado.

Colofón: el ego en el ropero; actuemos con autenticidad, no nos forjemos un personaje, la absurda importancia que se le atribuye a la fama es una de las muchas manifestaciones de la locura egotista de nuestro mundo. Al estar rodeados solamente por quienes alimentan una imagen distorsionada que tienen de sí mismos, los líderes pierden capacidad para establecer relaciones genuinas.

Apelemos a la humildad; ésta evita fricciones, lubrica el intercambio entre los hombres, acorta distancia en los diálogos de la convivencia nivelando apariencias, ajustando los engranajes de la vida de relación.

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