Anibal Durán
Anibal Durán

La construcción reposa…

Se celebra el día de la industria de la construcción, lo que supone un alto en el diario trajinar del sector.

El efecto “derrame” que esta industria produce impacta en la economía. Cuando trabaja la construcción, cientos de pequeñas industrias y profesionales se benefician con más trabajo.

En este marco festivo las gremiales empresariales y el sindicato trabajan en las relaciones laborales con sentido constructivo siendo los responsables de la madurez que exhibe la industria. El rigor, el equilibrio y la estabilidad -condiciones esenciales de un esfuerzo eficiente- solo se consiguen por la unión, el respeto recíproco, la cohesión. Dichos atributos se suceden en esta industria de la construcción.

El esfuerzo de las gremiales por consensuar cuando así compete, se traduce en logros sostenidos en el tiempo, en paz laboral, vislumbrando un horizonte de seriedad.

Lo dicho no exime de opiniones que se contrastan, de disputas que se dirimen, de voces que se alzan con ardor y pasión. Hoy cuestionamos dos aspectos esenciales: la productividad de la mano de obra (difícil de implementar en forma genérica) y algo previo a este punto, aunque no es una constante: la actitud ante el trabajo. La misma muchas veces luce errática y eso conspira con el éxito de la obra.

Al día de la fecha, más de 45.000 obreros que tributan en el BPS dan la pauta de una actividad que no exhibe la actividad de años atrás. La misma viene descendiendo desde principios de 2015 y no se ha recuperado.

Los promotores privados que comenzarán cientos de miles de metros cuadrados en Punta del Este, recién lo concretarán el año entrante. Lamentablemente en la Vivienda Promovida (antes de Interés Social), la mano del burócrata estancó la presentación de proyectos, con limitaciones y topes a precios que cuesta entender. Los promotores privados tienen terrenos, pero no se deciden a empezar.

El descenso de unidades presentadas a la Agencia Nacional de Vivienda refleja el error cometido por las autoridades que tozudamente no enmiendan.

Pero seamos positivos en este día especial. Compete mencionar la trascendencia que le da esta industria a la capacitación obrera. Se entiende sin duda que la educación es el camino más efectivo para el crecimiento. La “cultura” de capacitación (miles de obreros se capacitan) como la de seguridad han hecho carne entre los actores del sector maximizando las posibilidades de progreso, minimizando los errores.

Hoy en las obras no trabajarán ni los oficiales especializados, ni el electricista, ni el sanitario, ni el pintor, los capataces callarán su voz de mando, los camioneros de las barracas dejarán las calles libres para que el tránsito fluya con más normalidad.

Las ciudades y los pueblos de nuestro país constatarán que existe como una suerte de letargo, falta ese dinamismo cotidiano que imprime la industria de la construcción, generando trabajo por doquier.

Pero este descanso transitorio y festivo, no responde a la negación del esfuerzo. Este día de solaz, es el esfuerzo mismo que se repliega en la jornada para redoblar el impulso en los días venideros, buscando que el trabajo discurra más vigoroso y productivo.

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