Anibal Durán
Anibal Durán

Casavalle es Finlandia

El título de esta columna pertenece a una expresión del doctor en economía Ernesto Talvi, en una de sus tantas disertaciones intituladas “Encuentros Ciudadanos”, ciclo de charlas que desde el año pasado realiza en barrios de Montevideo y del Interior.

El título de esta columna pertenece a una expresión del doctor en economía Ernesto Talvi, en una de sus tantas disertaciones intituladas “Encuentros Ciudadanos”, ciclo de charlas que desde el año pasado realiza en barrios de Montevideo y del Interior.

Tuve el gusto de asistir a una de ellas. Pretendo referirme a algunos aspectos de esta experiencia.

¿Adónde apunta Talvi con el apoyo de Ceres (Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social) que dirige?

Pues a recorrer el país, enfocándose no en las clases dirigentes o las elites sino en la gente común y corriente, que no ostenta cargo alguno y que ven en su discurso la esperanza de que algún día la educación pueda cambiar.

Talvi no habla ni de economía ni de política; habla esencialmente de educación. No hay partido político alguno que lo avale o apuntale.

Él piensa y está convencido de que el cambio vendrá de abajo hacia arriba; la gente impulsará el mismo. La gente harta de tanta improvisación, de tanta demagogia y de aferrarse a un statu quo que nos hace cada día más fragmentados, algún día dirá basta y empujará los citados cambios (no lo dice Talvi, lo digo yo).

Allí están las experiencias en barrios carenciados en Montevideo y en el Interior, con un saldo positivo. Los liceos Impulso, Providencia, Jubilar, el Francisco en Pay-sandú, otro en Manga, le están cambiando la perspectiva de vida a sus alumnos y su entorno familiar, porque el compromiso es grupal.

Y precisamente como Talvi tiene experiencia sobre todo en el liceo Impulso, sabe lo que allí se vive y cómo los jóvenes van virando pausada pero sostenidamente sus cabecitas, que antes podrían girar en torno a la droga y la vida sin responsabilidad, pero que han cambiado por el estudio, la capacitación, terminar una carrera y ser un hombre de provecho. ¿Podrá discutirse tamaña realidad? Por eso, entre otras razones, dice el economista que Casavalle es Finlandia, la meca educativa que todos añoran.

¿El sistema político no podrá alinearse de- trás de esta propuesta o lo que viene haciendo Eduy21, expertos en educación donde figuran exjerarcas de la actual administración, que también tienen en el horizonte modificar el descalabro vigente?

¿O ganará la ideología extrema, donde la primera víctima que tiene es la verdad? Por qué a esa ideología intransigente le interesa que primen sus dictados, haciendo erosionar la calidad de las políticas públicas. ¿Qué dirán el Presidente del Codicen y Marcelo Abdala, adalid del Pit-Cnt, adorador del dictadorzuelo Maduro, ante este “terremoto educativo” sensato y posible?

El objetivo de Talvi es reconstruir el tejido social y para ello propone propuestas concretas para mejorar la educación en zonas vulnerables. Hay que instalar 136 liceos, coordinados por el Plan Ceibal a un costo de 150 millones de dólares por año, por encima de lo que hoy gasta ANEP para atender a la misma población, 80.000 adolescentes de primer a cuarto año liceal y donde las tasas de deserción son del 80%. Agrega Talvi que ese dinero en más, es nimio al lado de la fabulosa tarea que se estaría gestando.

Propone además tres centros de rehabilitación modelo de adolescentes infractores, en Florida, Canelones y Montevideo, donde se gastarían 32 millones de dólares (cifra que invierte el gobierno hoy), pero aquí habría resultados tangibles.

Se me termina el espacio y quiero abordar otro aspecto de la cuestión. Talvi tiene previsto ir a 40 lugares en nuestro país este año. Lo acompañan un pequeño séquito de personas, bien jóvenes, bien preparadas, bien dispuestas de Ceres, que comprometidos con el futuro del país, apuntalan la idea e intentan poner su granito de arena, para que este horizonte hoy nuboso, comience a aclarar.

Y ese es el aspecto que quiero destacar: al margen del contenido de las charlas, que suscribo, está el tiempo que este ciudadano y su gente le ponen a la causa. No hablamos de dinero; cualquier persona medianamente generosa y con algún peso en su bolsillo, no le cuesta nada sacar un billete y entregarlo a una buena causa. Mucho más ejemplarizante es disponer del tiempo de uno para verterlo a un objetivo superior. Eso es ejemplar, eso es generoso, eso es soñar con un país mejor, eso es dejar de lado la retórica cansina de nuestra idiosincrasia por hechos que suponen gran esfuerzo, compromiso y solidaridad para con el país.

No vengan los agoreros de siempre a poner piedras. Esto no será la panacea, como lo de Eduy21 pero es un atisbo, un comienzo, cambiar esta mediocridad lacerante que nos está ganando el partido por goleada, con complicidad de muchos actores que les importa tres rábanos el futuro de jóvenes ciudadanos, que ni derecho a soñar tienen.

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