Andrés Oppenheimer
Andrés Oppenheimer

Trump debe frenar a Maduro

El presidente Donald Trump se ha mantenido sorprendentemente silencioso sobre los últimos acontecimientos en Venezuela, que ha acelerado su marcha hacia una dictadura sin tapujos en las últimas semanas. Es hora de que haga algo para ayudar a restablecer la democracia en ese país.

El presidente Donald Trump se ha mantenido sorprendentemente silencioso sobre los últimos acontecimientos en Venezuela, que ha acelerado su marcha hacia una dictadura sin tapujos en las últimas semanas. Es hora de que haga algo para ayudar a restablecer la democracia en ese país.

En las últimas semanas el gobernante venezolano Nicolás Maduro ha restringido algunos de los últimos poderes que le quedaban a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora. Además anunció que entregará unos 500.000 rifles a las milicias civiles progubernamentales que alimenta, se rehusó a convocar a elecciones regionales que debían haberse realizado el año pasado e inhabilitó al líder opositor Henrique Capriles a presentarse a cargos públicos por 15 años. Así nomás y de un plumazo.

Para empeorar las cosas -una disciplina en la que Maduro es especialista-, en medio de masivas protestas contra el gobierno que ya dejaron cerca de 40 muertos en las calles y centenares de heridos, Maduro anunció que convocará una convención constituyente de “trabajadores, campesinos e indígenas” para redactar una nueva Constitución, aunque la actual fue impulsada por su mentor, el difunto presidente Hugo Chávez. En otras palabras, lo que busca es imponer una Constitución al estilo cubano que aboliría todas las instituciones democráticas.

¿Qué debería hacer Trump? Hablar más fuerte contra Maduro no ayudaría: Trump se ha ganado en buena ley la reputación de ser un mentiroso patológico y cualquier cosa que diga contra Maduro podría ser contraproducente.

Algunos analistas de Washington quieren que Trump suspenda las compras estadounidenses de petróleo venezolano, que es la mayor fuente de ingresos de Venezuela, un país que tiene un gobierno que despotrica contra el imperialismo pero vive de él. Pero eso tampoco sería una gran idea. Cortar las importaciones de petróleo o imponer sanciones a la compañía petrolera venezolana Citgo, que contribuyó con 500.000 dólares a la ceremonia inaugural de Trump, ha sido una opción que han considerado varios gobiernos anteriores de Estados Unidos. Pero siempre se descartó, entre otras cosas por temor de que haría subir peligrosamente los precios internacionales del petróleo y dañaría la economía estadounidense.

Aunque esas circunstancias han cambiado -hoy hay una sobreoferta de petróleo en los mercados mundiales-, un embargo petrolero le daría al régimen de Maduro munición política para proclamarse más víctima que nunca del “imperialismo”. Y podría acabar perjudicando más al pueblo venezolano que a la dictadura.

Otros en Washington están pidiendo sanciones individuales contra más funcionarios venezolanos que violen los derechos humanos o estén involucrados en el narcotráfico. El expresidente Barack Obama ya había ordenado sanciones de negativa de visas y congelamiento de fondos a más de una docena de funcionarios venezolanos en 2014, 2015 y 2016.

El gobierno de Trump anunció en febrero sanciones por narcotráfico y lavado de dinero contra el vicepresidente venezolano Tareck El Aissami. El decreto ejecutivo de Trump vino tras una investigación llevada adelante por el Departamento de Justicia.

Michael Fitzpatrick, un alto funcionario del Departamento de Estado, dijo a los periodistas que el gobierno de Trump está considerando nuevas sanciones individuales contra funcionarios venezolanos y que la investigación a El Aissami ya ha descubierto “cientos de millones de dólares” en el sistema financiero estadounidense. Añadió que no sabía la cantidad exacta ni otros detalles.

Mi opinión: lo mejor que podría hacer Trump sería ordenar a su Departamento de Justicia que revele los detalles de estos “cientos de millones de dólares” de El Aissami y otros altos funcionarios venezolanos en Estados Unidos.

En general, al Departamento de Justicia de los Estados Unidos no le gusta divulgar este tipo de detalles, porque quiere guardarlos para la etapa del proceso legal. Pero estas no son circunstancias ordinarias. Nombrar y exponer públicamente a los corruptos que han secuestrado la democracia venezolana sería clave para fortalecer y ayudar a la oposición democrática a mantener la presión en las calles y restaurar la democracia en Venezuela.

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