Andrés Oppenheimer
Andrés Oppenheimer

A contramano del mundo

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, cuyo país tiene la inflación más alta del mundo y el crecimiento económico más bajo de América Latina, convocó días atrás a una “Conferencia Mundial sobre la Crisis del Capitalismo” para principios del 2015. Debería invitar al presidente de China, Xi Jinping, como el orador principal.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, cuyo país tiene la inflación más alta del mundo y el crecimiento económico más bajo de América Latina, convocó días atrás a una “Conferencia Mundial sobre la Crisis del Capitalismo” para principios del 2015. Debería invitar al presidente de China, Xi Jinping, como el orador principal.

Dejando de lado el hecho nada insignificante de que la economía de Estados Unidos -el país que para muchos simboliza el capitalismo- está mejor que la de Europa, Rusia, y los principales países del mundo, y que la bolsa de Nueva York alcanzó su récord histórico la semana pasada, el líder comunista de China podría ayudar al confundido mandatario de Venezuela a comprender cuál ideología está realmente en crisis en estos días.

La semana pasada, en la última medida de su marcha de tres décadas hacia el capitalismo, China abrió su mercado de valores de Shanghai a los inversionistas extranjeros. El Congreso del Partido Comunista de China del año pasado le dio a Xi amplios poderes para darle a las fuerzas del mercado un papel mucho mayor en la economía, a expensas de los planificadores del gobierno central.

Desde que asumió el cargo, Xi se comprometió a acelerar las reformas económicas de libre mercado de China, para incrementar el consumo interno. Esto significa animar a los consumidores chinos a comprar de todo, desde coches de lujo hasta máquinas lavadoras, y permitir una mayor competencia por parte de empresas privadas.

En mi último viaje a China hace dos años, me sorprendí al ver la proliferación de agencias de Ferrari, Lamborghini, Mercedes Benz, BMW y otros autos de lujo en todo el país.

Pero, independientemente de lo que pensamos de la dictadura china, hay un hecho indiscutible: China ha crecido meteóricamente -y ha reducido la pobreza más que ningún otro país - desde el momento en que el ex primer ministro Deng Xiao Ping comenzó sus reformas capitalistas en 1978.

Hoy en día, China es en algunos aspectos más capitalista que los Estados Unidos de Norteamérica. En China, los empleadores no tienen que preocuparse mucho por los sindicatos de trabajadores, ni por grupos ambientalistas. China es el sueño de un capitalista a ultranza: un capitalismo sin derecho a huelga, ni normas ambientales estrictas.

Con todos sus defectos, la marcha de China hacia el capitalismo ha ayudado a sacar de la pobreza a 700 millones de sus 1.3 millones de personas en las últimas tres décadas, según cifras del Banco Mundial.

En comparación, Venezuela -a pesar de su extraordinaria riqueza petrolera- ha ido en la dirección opuesta desde que el fallecido presidente Hugo Chávez comenzó su llamada “revolución socialista” en 1999. Chávez y su sucesor Maduro han nacionalizado empresas a granel, ahuyentaron a los inversionistas, y destruyeron el país.

Este año, Venezuela tiene una inflación que oscila en el 70 por ciento, la más alta del mundo, y su economía se contrajo un 3 por ciento, la peor tasa de crecimiento económico de América Latina, según cifras del Fondo Monetario Internacional. Hay escasez de leche, carne, azúcar y papel higiénico, obligando a la gente a hacer largas colas frente a los supermercados para conseguir productos de primera necesidad.

Y además, Venezuela -paradojas del mundo- ha empezado a importar petróleo. Sus refinerías estatales se han deteriorado tanto por la falta de inversiones, el desorden administrativo y la corrupción, que el país tiene que importar crudos livianos para mezclar sus crudos pesados y hacerlos aptos para la exportación.

No es de extrañar, entonces, que después de una caída temporal de la pobreza durante el boom petrolero de principio de los años 2000, la pobreza en Venezuela está aumentando. El número de personas que viven en la pobreza extrema -los más pobres entre los pobres- aumentó en 737.000 el año pasado, para un total de casi 2,8 millones de personas, según cifras del propio gobierno venezolano.

Mi opinión: No hay duda de que el capitalismo no es un sistema perfecto, y que hay que mejorarlo, sobre todo buscando nuevas formas para reducir la inequidad. Pero que Venezuela, un país en bancarrota por la ineptitud de sus líderes, convoque a una conferencia mundial sobre la crisis del capitalismo en la misma semana en que la Bolsa de Valores de New York rompió todos los récords, es cosa de risa.

Post Data: Si por alguna razón el presidente chino Xi no puede asistir a la conferencia de Maduro, sugiero al presidente ruso, Vladimir Putin, como su sustituto. Según la agencia de noticias Bloomberg, Putin -cuyo régimen tiene mucho en común con la cleptocracia autoritaria de Nicolás Maduro- planea anunciar una política de “liberalización económica”, lo que en buen español significa, derecho viejo, más capitalismo.

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