Andrés Oppenheimer
Andrés Oppenheimer

El caso Odebrecht

El mayor escándalo de sobornos de la historia reciente de América latina -los casi 800 millones de dólares pagados por la empresa constructora Odebrecht a funcionarios de Brasil, Colombia, Perú, Argentina, México, Venezuela y varios otros países- debería convertirse en un punto de inflexión en la lucha contra la corrupción en la región.

El mayor escándalo de sobornos de la historia reciente de América latina -los casi 800 millones de dólares pagados por la empresa constructora Odebrecht a funcionarios de Brasil, Colombia, Perú, Argentina, México, Venezuela y varios otros países- debería convertirse en un punto de inflexión en la lucha contra la corrupción en la región.

Hay varias ideas innovadoras que se están estudiando y que podrían ayudar a los países a reducir la corrupción gubernamental. Deberían ser ensayadas lo antes posible, antes de que la corrupción siga erosionando la confianza en la democracia.

El escándalo de Odebrecht -una empresa constructora brasileña con presencia en casi toda Latinoamérica- ya se ha convertido en una de las principales amenazas para la estabilidad política y económica de la región. En los últimos días, un exsenador provocó un terremoto político en Colombia al afirmar que parte de los sobornos de Odebrecht terminaron en la campaña del presidente Juan Manuel Santos. Cargos similares surgieron en Panamá contra el presidente Juan Carlos Varela y han circulado durante semanas alrededor del presidente brasileño, Michel Temer. En Perú, los fiscales han ordenado el arresto internacional del expresidente Alejandro Toledo. Todos ellos han negado haber cometido irregularidades. Sin embargo, hay temores de que el caso Odebrecht pueda sacudir algunos gobiernos, ya que la investigación recién está empezando.

Odebrecht ha admitido haber pagado la friolera de 349 millones de dólares en sobornos en Brasil; unos 98 millones en Venezuela; 92 millones en República Dominicana; 35 millones en Argentina; 34 millones en Ecuador; 29 millones en Perú; 11 millones en Colombia, y 10,5 millones en México, según las estimaciones de funcionarios estadounidenses, brasileños y suizos.

¿Qué podemos aprender de este caso impresionante de megacorrupción? En general, ha demostrado una vez más que la democracia y un sólido sistema de controles son los mejores antídotos contra la corrupción.

No es coincidencia que la mayoría de los sobornos de Odebrecht fueron pagados a funcionarios públicos durante los gobiernos populistas de Dilma Rousseff, en Brasil; Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en Venezuela; Cristina Kirchner, en Argentina, y Rafael Correa, en Ecuador. En muchos de estos países había poca supervisión del Congreso y poca independencia judicial.

Pero, viendo que una parte considerable de los sobornos de Odebrecht fueron canalizados a campañas políticas, hay algunas tecnologías nuevas que los países podrían usar para fiscalizar mejor las contribuciones políticas. Además de prohibir donaciones en efectivo, los países podrían exigir que todas las futuras contribuciones políticas se realicen a través de Blockchain, la nueva tecnología del mundo financiero que se utiliza para hacer pagos en monedas virtuales como bitcoin.

Transparency International (TI), el grupo de defensa contra la corrupción, ya está experimentando con esa idea. Dice que Blockchain haría mucho más fácil rastrear las donaciones políticas. Bajo este plan, los políticos solo podrían recibir donaciones en bitcoins o alguna otra moneda virtual especialmente diseñada para contribuciones políticas. Podrían usar este dinero virtual para pagar publicidad en camisetas, gorras o cualquier otro gasto de campaña, y solo el último proveedor -el fabricante de camisetas, por ejemplo- podría intercambiar la moneda virtual por dinero en efectivo.

“Sería como comprar fichas en un casino: solo se pueden usar en el casino hasta que te vayas -me dijo el director de la oficina de Transparencia Internacional en México, Eduardo Bohorquez. Si quisieras contribuir a una campaña política, tendrías que hacerlo con una moneda virtual cuyas transacciones se pueden rastrear fácilmente de principio a fin.”

Otra buena idea sería hacer un ranking mundial de corrupción de empresas, al igual que Transparencia Internacional hace su ranking anual de percepción de corrupción de los gobiernos.

Bohorquez me dijo que esto sería difícil de implementar, porque abriría las puertas a juicios de empresas que se sintieran injustamente señala- das. En su lugar, TI está trabajando en un sistema para señalar con un asterisco las compañías multinacionales que están bajo investigación por corrupción, para que todos los países puedan estar informados antes de realizar un contrato con alguna de ellas, dijo.

Mi opinión: el escándalo de Odebrecht debería ser un llamado urgente a tomar medidas drásticas contra la corrupción. Y las nuevas tecnologías como Blockchain y los rankings de corrupción de empresas podrían ayudar mucho. ¡Vale la pena intentarlo!


N. de R. Odebrecht estuvo vinculada en su momento a través de la empresa brasileña OAS a la construcción de la Regasificadora de Puntas de Sayago. La sorpresiva decisión del presidente Vázquez de postergar sine die esa obra, abortó el trabajo de una Investigadora votada en el Parlamento.

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