Andrés Oppenheimer
Andrés Oppenheimer

La caída de “El Chapo”

La reciente captura del mayor narcotraficante del mundo, Joaquín “El Chapo” Guzmán, fue anunciada con bombos y platillos como un gran triunfo sobre los carteles de narcotráfico, pero el hecho de que haya sido realizada por un comando élite de la Marina mexicana --y no por fuerzas policiales-- es una mala señal sobre la marcha de la lucha contra el crimen organizado.

La reciente captura del mayor narcotraficante del mundo, Joaquín “El Chapo” Guzmán, fue anunciada con bombos y platillos como un gran triunfo sobre los carteles de narcotráfico, pero el hecho de que haya sido realizada por un comando élite de la Marina mexicana --y no por fuerzas policiales-- es una mala señal sobre la marcha de la lucha contra el crimen organizado.

Guzmán fue capturado el 22 de febrero por tropas élite de la marina mexicana, con la ayuda de agencias de inteligencia de Estados Unidos, en una redada en la mitad de la noche en la ciudad turística de Mazatlán. Desde allí fue trasladado hasta un hangar de la marina en Ciudad de México, donde el procurador general dió una conferencia de prensa para anunciar su arresto.

Pero el hecho de que Guzmán fue apresado por un comando élite de la marina, sin fuerzas policiales federales o locales, dice mucho sobre las dificultades que enfrenta México para poder ganar la guerra contra los carteles del narcotrafico, según me dicen varios expertos mexicanos.
“Para derrotar a los carteles se necesitan buenos policias locales, y eso en México es donde estamos más atrasados”, afirma Eduardo Guerrero, un consultor de seguridad que hasta hace poco trabajó para las agencias de seguridad pública e inteligencia de México. “La lucha debe empezar desde abajo”.

Las fuerzas policiales locales son el primer círculo de contacto con los carteles, y son la clave para generar vínculos con la comundidad y rastrear a todos los miembros de los carteles, explica Guerrero Pero México tiene más de 2,000 fuerzas policiales, incluyendo la Policía Federal, alrededor de 1,800 fuerzas policiales municipales, 32 fuerzas policiales estatales y diversas fuerzas policiales bancarias, turísticas y aduaneras, que en la mayoría de los casos están mal entrenadas, mal pagadas y penetradas por el crimen organizado.

Casi todos los jefes de policía locales son nombramientos políticos -- muchas veces son parientes o amigos del gobernador, o del alcalde - y a menudo ni siquiera tienen experiencia policial. Y pese a la creación de algunas academias de policía durante los últimos años, casi todas las fuerzas policiales locales están integradas por gente que recibe escaso o nulo entrenamiento, y que cobran salarios iniciales de alrededor de $1,000 mensuales.

Cuando le pregunté a varios expertos si la captura de “El Chapo” Guzmán será un golpe devastador contra el Cartel de Sinaloa, casi todos me respondieron que no. Muchos capos del narcotrafico han sido capturados en el pasado, sólo para ser reemplazados por sus segundos, o por quienes ganen la guerra interna por su sucesión. Lo más probable es que “El Chapo” sea reemplazado por el No. 2 del Cartel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, según fuentes de seguridad.

El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto afirma que el arresto de “El Chapo” fue un golpe importante en la lucha contra el Cartel de Sinaloa, entre otras cosas porque le permitirá a las autoridades recibir valiosa información de inteligencia que ayudará a atrapar a otros miembros del cartel. Además, la muy publicitada captura del narco más rico del mundo ayudará a combatir la percepción de que los barones de la droga gozan de impunidad en este país, afirman.

Aurelio Nuno, jefe de gabinete del presidente Peña Nieto, me dijo en una entrevista que el gobierno está trabajando en crear fuerzas de policias estateles únicas, que concentren en cada estado a las numerosas fuerzas policiales municipals. Pero Nuno admite que eso puede durar años. “Es un proceso largo y complejo”, me dijo.

Mi opinión: el arresto del “Chapo” Guzmán fue un gran éxito propagandístico para Peña Nieto, pero es solo una victoria simbólica en la lucha contra el crimen organizado.

Tal vez uno de los datos más preocupantes que surgieron tras su arresto es que, contrariamente a los informes que decían que estaba viviendo en Argentina o en algun otro país después de su fuga de una prisión mexicana en el 2001, en realidad había estado viviendo cómodamente en México durante los últimos 13 años.

Según reportes de prensa, solía cenar en buenos restaurantes junto con más de una docena de amigos y familiares. Obviamente disfrutaba de la protección de las autoridades policiales locales, al igual que sus colaboradores.

Empezaré a creer que México está ganando la lucha contra los carteles el día en que unifique sus 2,000 fuerzas policiales, y logre que todos sus agentes reciban un pago decente y tengan un entrenamiento profesional. Eso es algo que todos los gobiernos mexicanos de los últimos 20 años han prometido, al igual que ahora lo hace Peña Nieto, pero que ninguno ha logrado hacer. Hasta que eso ocurra, seguiremos viendo redadas al estilo de las películas de Hollywood, pero que no lograrán desmantelar las bandas criminales.

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